NUBES Y CLAROS
La inteligencia artificial perversa
La digitalización puede llevar a la perversión de la libertad de acción. Existe preocupación e incertidumbre. Lo señaló esta semana el presidente de Cepyme, Antonio Garamendi, en el curso de la Apie en la Menéndez Pelayo sobre ‘La economía ante el blockchain’. Una libertad en peligro, frente a un escenario que avanza imparable mientras los reguladores se piensan de qué va la nueva revolución tecnológica.
El uso de los datos que webs y aplicaciones recogen cada vez que entramos en ellas, seleccionando en adelante aquello que los algoritmos dictan que nos gusta y ofreciéndonos lo que más se acomoda a ello entre la oferta informativa y comercial, puede llevar a la perfección y perversión total cuando las orejeras digitales sólo nos dejen ver aquello que la inteligencia artificial ha seleccionado para nosotros.
En breve leeremos periódicos ‘a la carta’, pero una carta en la que nosotros no seleccionaremos la información que queremos. Ya ocurre con la publicidad. Un día pinchas en un anuncio, aunque sea por error, y lo tendrás persiguiéndote por todas las páginas que abras, con acosadora insistencia.
La cuestión es que esta inteligencia artificial y el aprendizaje de las máquinas no son fruto del azar ni están manejadas por ONGs. Detrás de cada captura de datos hay una intención, y cada ‘sugerencia’ en el dispositivo persigue un interés. El Gran Hermano de George Orwell es una broma infantil comparado con el escenario en el que ya actuamos de lleno, y que avanza a un ritmo difícil de asimilar.
En todo caso, lo que queda claro es que la digitalización no es una opción. Ni para las personas ni desde luego para las empresas. Este carro no va a parar, y nadie puede bajarse.
Lo que no podemos obviar es que, l lado de los nativos digitales y los que ya han sido acunados en la nube, de quienes nos subimos con gusto o no tenemos más remedio que pedalear detrás de los avances para no quedar rezagados, nos rodean aún varias generaciones para las que todo este contubernio de constelaciones virtuales, inteligencias sin neurona y criptomonedas son una realidad imposible de asumir. Los avances no pueden convertir la exclusión digital en una nueva forma de discriminación. Seremos digitales, pero no máquinas sin más.