Diario de León
Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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La comarca de Ordás es uno de esos espacios de transición entre la cordillera y sus vegas, que pasaría inadvertido, de no ser por el poderoso reclamo de un torreón medieval y por la audacia de un regante que alza su memoria estatuaria en la plaza de la capital Santa María. El torreón ahora solitario y ayer sangriento asoma sobre las fértiles vegas del Luna, que corre a fundirse con el Omaña para dar origen al Órbigo. Aguas arriba, en la embocadura de un valle todavía sin nombre de ribera, el curso gélido del Luna ha sido apresado por segunda vez en el contra embalse de Selga, anegando la vega de la Barca, donde tenían el molino y sus mejores tierras los vecinos de Benllera.

Este de Selga es un retén pequeño, que facilita la toma de nivel al canal del Órbigo en su arranque hacia las tierras redimidas del Páramo. A los pies de Selga sale otro cauce más menudo, cargado de historia y leyenda. Es el Canal de la Plata, que se empezó a tallar en la roca a fines del siglo diecinueve para concluirse en 1905. Un empeño romántico trabado de dificultades que llegó a buen fin por la tozudez vecinalmente respaldada de Vicente García. Desde la presa del pequeño embalse se ve el torreón mellado de Tapia, plantado a media ladera sobre el pueblo y salvado del derrumbe por una reciente intervención reparadora.

Al construir el embalse, en el estreno de los sesenta del pasado siglo, anegó el primer tramo del Canal de la Plata, que era el más espectacular de talla. Originalmente, sangró al Luna en el paraje de Cardaniel, entre Selga y Canales. Ahora el canal sale de la presa del embalse por la derecha del río y recorre buena parte de la comarca. Su tramo más hermoso y emboscado discurre entre Selga y Santibáñez, por las umbrías de Sorríos y junto a la casa hortelana de don Miguel Cordero del Campillo. Aunque el monumento de la plaza tiene fecha de 1932, don Vicente terminó sus días veinticuatro años antes, tres después de culminar el canal. Y no sin disgustos y sobresaltos, provocados tanto por los caciques comarcales como por funcionarios de la capital.

La estatua es obra de Manuel Gutiérrez, autor de la alegoría republicana destruida en la diputación, cuyas trizas sobreviven desamparadas en un corral urbano. Vuelto del revés por la guerra, se dedicó con fortuna al marmolismo funerario, como Zerreitug. De los pueblos de Ordás, quizá el más sugestivo sea Callejo, a un paso de Santa María en la carretera hacia el Bierzo por Valdesamario. El molino comunal y los nogales escoltan su arroyo caudaloso esta primavera. La comarca, que es fluvial en Tapia, Rioseco, Santibáñez y Villarrodrigo, se extiende hacia los altos por los vallecicos que surcan el piedemonte: Riocastrillo, Adrados, Villapodambre y Formigones.

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