Diario de León
Álvaro Caballero
León

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Para no perderse en los próximos meses hábiles —esos que empiezan después del verano y descargan la tormenta con las elecciones municipales de finales de mayo del próximo año— conviene que empecemos a familiarizarnos con el concepto del ‘Corredor Atlántico’. Va a resultar imprescindible para el lector avezado y el ciudadano medio conocer el nuevo mantra que se publicitará como repulsivo —escribo revulsivo, pero el autocorrector me lo cambia y quién soy yo para llevarle la contraria— si quiere desentrañar los discursos que ya preparan desde las centrales de propaganda política y empresarial para vendernos dónde se avizora el futuro de esta tierra. No lo habían visto hasta antes de ayer, cuando desde la Junta todavía defendían que León estaba dentro del eje por ‘capilaridad’, que sonaba a remedio de homeopatía vendido con una sonrisa. No entró hasta que la UE acabó por aceptar la propuesta que el Gobierno envió presionado por Galicia y Asturias, pero que pospone la financiación de los proyectos para el programa 2021-2027. Antes, había que promocionar la autopista logística de mercancías por Salamanca, Valladolid y Burgos, que fueron la apuesta estratégica de la administración autonómica en las anteriores convocatorias europeas. Esa era la prioridad, no León, que vuelve a llegar tarde y queda para mañana, si sobra algo.

El manual de interpretación del Corredor Atlántico necesita un aparte para el antiguo testamento. En esos capítulos se puede recordar las veces que se cuestionó en los últimos 8 años la necesidad de Torneros: el proyecto planificado para ligar una plataforma logística con un polígono ferroviario, justo en el enlace del nudo de carreteras de gran capacidad que vertebran el mapa del noroeste peninsular. Pese a que llevaba más de 10 años proyectado, que se pagaron 8,5 millones por el suelo que sigue abandonado y que un informe auguraba la creación de 3.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos, la Junta dio tanza al barbo con el anuncio de que era necesario un estudio de demanda, mientras en paralelo se promovía el parque agroalimentario de Valladolid. Parecía una casualidad, pero se trataba de una causalidad. Qué más da ya. Todo aquello queda superado ahora que se empieza a planificar la estrategia con el concurso del empresariado, tantas veces cómplice con su silencio si hay tajada. Bienvenidos al Corredor Atlántico.

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