AL TRASLUZ
La última misión
Salí a pasear y me encontré con Teresa Mata, quien estaba en plena mudanza en la Subdelegación del Gobierno. En días pasados, a falta solo de que el nombramiento de su sustituto apareciese refrendado en el BOE, hubo de cumplir una última misión oficial, de esas que te encarga el Estado Mayor de Tu Sentido del Deber. Pasó con Orats largas horas en el Complejo Asistencial de León, el niño vasco que acaba de perder a sus padres, atropellados mientras hacían los tres en bicicleta el Camino de Santiago. Además de presencia institucional, había que ofrecerle compañía en una trágica situación, en la que no era posible mentir a la víctima, ni expresarse con verdades telegráficas, pues él mismo había sido arrollado. Cuando parecía que en la Subdelegación no le quedaba ya más tarea que sacar sus enseres personales, le correspondió mantener encendida una vela en la oscuridad del dolor, mientras los familiares se trasladaban desde el País Vasco. Por supuesto, estuvo en permanente diálogo telefónico con la nueva delegada del Gobierno para Castilla y León, Virginia Barcones. Por encima de las siglas, anhelaban lo mismo: ayudar a un niño cuya felicidad acaba de ser devastada por un desalmado. Mata, con su fuerza psicológica y dulzura, era la persona más adecuada para tan difícil tarea, llevada a cabo cuando lo previsible era que ya no las hubiese. Por ello es tan importante elegir muy bien a los cargos, para que cuando la inesperada y difícil misión surja sea acometida sin mirar reloj ni fechas. El corazón no puede ser cesado.
Habló con el niño y le escuchó, también compartieron silencios, pues estaba bajo el lógico shock. Logró que nuestra Cultural le hiciese llegar al crío una camiseta firmada por los jugadores. El conductor que arrolló a esta familia de Villanova quintuplicaba la tasa de alcohol. Se dio a la fuga, ahora le costará más huir de la condena y quizá aún más del remordimiento de por vida.
Sin duda, Mata no olvidará nunca a Orats. Tampoco él habrá de olvidar a la mujer que estuvo a su lado, a pie de cama en el hospital. Las misiones que más importan suelen llegar fuera de plazo. Esto forma parte de su esencia, del enigma espiritual. Y, sí, dar compañía es mucho más que presencia.