Diario de León
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AQUÍ Y AHORA ANTONIO PAPELL
León

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L a neutralización política de RTVE que debería proceder del consenso de todas las fuerzas políticas es sin duda una necesidad imperiosa del audiovisual público estatal, que ya se logró colmar en el periodo 2006-2011 —el de vigencia de la ley de 2006— y se ha conseguido razonablemente en algunas autonómicas como Telemadrid. Sin embargo, la despolitización no es un objetivo en sí mismo sino que debe tender a designios claros que son extraordinariamente necesarios: el audiovisual público ha de desempeñar un papel creciente en la oferta informativa de calidad y en el desarrollo cultural del país.

La información, cada vez más abundante en el gran sistema digital, adolece de elefantiasis cuantitativa y de gran debilidad cualitativa. La información audiovisual es cara y la iniciativa privada no obtiene de ella rentabilidad dineraria sino sólo vagos retornos en términos de prestigio, lo que hace que la oferta tienda a decrecer. El audiovisual público, basado en una amplia red de corresponsales propios y en la colaboración de las agencias informativas de prestigio nacionales e internacionales, tiene que prestar rigurosamente el servicio público de la información, que contribuye a la madurez democrática del cuerpo social. En ese ámbito público, el precio no puede ser el límite de una oferta informativa cabal y completa.

En lo tocante al entretenimiento, el gran cambio está en pleno apogeo, y todo indica que las grandes plataformas irán ganando terreno a la televisión convencional, claramente en reflujo. Netflix es el futuro, para entendernos. Lo que sugiere que la creatividad de las industrias culturales españolas habrá de ser vehiculada a través del audiovisual público, sin perjuicio de que, como ya está sucediendo, nuestros creadores se imbriquen en la globalización y superen nuestras fronteras.

Finalmente, el audiovisual público español, que es un agente del Estado, tiene sin duda la misión de fortalecer la cohesión interior, no mediante consignas ideológicas (probablemente inaceptables) sino acometiendo debidamente la tarea informativa que nos acerca unos a otros, evitando su excesiva compartimentación y facilitando la participación plural de los actores políticos y sociales en la elaboración del gran debate colectivo sobre el que se sustenta la realidad española.

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