Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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Una ciudad es más que sus calles, más que sus casas y las gentes que viven en ellas. Una ciudad es también sus caramelos, como esa golosina de tanta identidad leonesa que lleva el nombre de Ronchito. Una gloria local que se inventó mi tío Ángel Santos, al recordado sonsonete publicitario de «rico, rico, caramelo Ronchito». Un clásico de la dulcería local nacido allá por 1960 y confeccionado a base de guirlache y cacahuetes y elaborado a fuego, a la manera del arroz con leche. Desde la coqueta fábrica de la calle Joaquín Costa, a la sombra de la avenida Padre Isla, la firma Caramelos Santos inundaría el mercado con tamaña exquisitez que acabó por convertirse, con el paso del tiempo, en un hito del escenario doméstico y luego una referencia nacional e internacional. Cuando mi hija tenía dos o tres años la llevaba a la fábrica de los tíos Ángel y Chelo, para sumergirla en toneles repletos de Ronchitos. A una vuelta de tuerca, y más rápido que Pablo Casado aprobó la carrera de Derecho, o Emma Conty la de Medicina, caía por unos tubos todo un chaparrón de Ronchitos, en una escena propia de cuento de hadas.

Un caramelo de tan extraordinario pedigrí y finura ha resistido bien el paso de los años y el demoledor cambio de las modas, aupado con entusiasmo por patriotas de lo propio como Marcos Vidal, Marquitos, uno de los personajes más conocidos de la vida local. A tal señor tal honor, acaba de ser galardonado con el título honorífico de Embajador del Ronchito, debido a su costumbre de ir repartiendo a manos llenas semejante regalo al paladar. Un reconocimiento tan simpático como merecido para este hombre inquieto, abierto y extrovertido que reina gastronómicamente desde los fogones de la castiza Bodega Regia. Guardián desde siempre de las mejores esencias alimentarias leonesas, la decisión merece mi aplauso por todo tipo de consideraciones familiares y sentimentales. Así que Marquitos, a seguir repartiendo esos caramelos que se incluyen entre lo mejor del patrimonio local: la Catedral, San Isidoro, San Marcos, Botines y Ronchitos. ¡Vaya un repóquer mágico!

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