HOJAS DE CHOPO
Epidemia de soledad
Hay mucho dicho y escrito sobre los abandonos, especialmente en época estival, incluso por parte de quienes juraron amor eterno a los abandonados. Más duro, si es que se pueden establecer escalas en estos casos, son los testimonios de muertes de ancianos solos a los que nadie echa en falta. Parece ser que son diez mil los leoneses solo de la capital que viven en estas o parecidas circunstancias. Aquí, bajo el mismo techo estrellado que no parece pertenecer por igual a todos, puesto que hay hechos laterales que agravan el problema, un problema invisible que parece tímidamente ser cada día menos. En Inglaterra, por ejemplo, se ha creado una Secretaría de Estado para la Soledad. Una realidad que está encima de la mesa, que ha de provocar una profunda llamada de atención y exigir la alerta por si alguien tiene la tentación de traficar con la incultura del hambre y la soledad en un tiempo en que la vejez es denostada y el olvido se ha convertido en moneda de cambio al alza.
Aunque el problema parece ser cada día menos invisible, no deja de ser menos cierto que el barniz de las declaraciones dura muy poco tiempo, dejando la situación prácticamente en el punto de partida, lo que, según cuentan los expertos, permite que la tendencia vaya a más. Y, curiosamente, afecta más, en contra de lo que pudiera parecer, a los países mediterráneos que a los nórdicos, posiblemente por la mayor raigambre y tradición asistencial de los últimos. En cualquier caso, la revisión de valores en una sociedad globalizada, aun teniendo en cuenta la preservación cultural que algunos países mantienen en este sentido y que en España fueron señas de identidad en otros tiempos, ha de tener muy en cuenta la mirada hacia los más débiles. Este sector al que nos referimos es uno de ellos, junto con el de la infancia, por el grado de impotencia y de silencio al que con frecuencia se ven sometidos.
La soledad forzosa, hambre incluida en no pocos casos, afecta severamente a la salud física, mental por supuesto. Creo, sobre todo, que provoca una pena profunda por la sensación de abandono social, de desinterés, con lo que conlleva la desconsideración de la propia dignidad del ser humano, desamparado e impotente. Los poderes públicos han de entender que los nuevos tiempos conducen a situaciones nuevas que exigen planteamientos y soluciones distintas. La pasividad ante esta epidemia de soledad significa un evidente fracaso social. De todos.