Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Se nos va a agosto, no será este columnista quien se tire a sus rodillas y le suplique que se quede, como hice con Baltasar en aquella noche de reyes de 1964, o seis años más tarde con los Beatles para que no se separasen ¡Que le den morcilla a este mes!, dicho sea sin rencor. Y eso que septiembre viene con más peligro que el mono del carnicero. ¿Y resto del otoño?, preguntará esa lectora previsora que todos los columnistas de provincias tenemos. Cuando llegue, señora mía, tenga usted puesto el casco, porque lo del tití con el cuchillo jamonero se puede quedar en argumento de Disney. «Las estaciones provinciales», tituló nuestro paisano Luis Mateo Diez su primera novela. Claro que aquí en León tenemos cuatro inviernos: el bueno, el feo, el malo y el de lo que te rondaré morena. Ya lo escribió Shakespeare, por boca de Ricardo III: «Ahora este invierno de nuestro descontento se vuelve verano con este sol de York». No creo que haya habido gobernante con colmillo más retorcido que éste británico, a quien a su paso los perros corrían taquicárdicos a esconderse detrás de los gatos. Claro que con Trump corren a ocultarse detrás de las mofetas. Y pese a todo, uno es optimista. Recordará el lector más sentimental; «Ah, los agostos azules de antaño, aquellas canciones de Georgie Dann, aquellas camisetas de Naranjito… Muy emocionante. Pero masoquismos con la nostalgia los justos, ni uno más. A ver si vamos a ponernos a añorar la cintura de abejorro de Kiko Rivera, ahora que la tiene de avispa. Marearle al muchacho con la talla del bañador, tampoco.

Esta es una columna en broma. Pero no de cualquier clase, sino de las que dejan entrever que uno necesita que le toque ya cuanto antes un primer premio de la lotería, o terminará siendo quien persiga con el cuchillo jamonero al mono. En Alabama, con mucho menos, la lían parda.

Columna en clave guasona, de alguien que hoy no les puede escribir en serio, porque el humor es último recurso de nuestra épica secreta. Percibo próximos aguaceros de estupidez y chuzos de mediocridad, me basta con sacar el dedo por la ventana. «Estamos tan agustito», estará cantando Ortega Cano, feliz en su porche. Ya verá como viene el puñetero agosto y se lo chafa.

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