Óscar Puente, dimisión
E l 19 de junio saltaba a los medios de comunicación el lamentable incidente protagonizado por un descortés Oscar Puente, alcalde de Valladolid, al poner en duda públicamente la capacidad de gestión de Pilar Vicente, concejala y portavoz de Ciudadanos en el referido consistorio, con el simple argumento de haber trabajado anteriormente como dependienta en una tienda de ropa. Un hecho por el que, además de mostrar el regidor poco estilo y falta de respeto, denotaba soberbia, desprecio y complejo de superioridad, siendo motivo para que hubiera dimitido inmediatamente.
Desde entonces, y hasta hoy, no parece muy decoroso que Óscar Puente no haya presentado aún su renuncia al cargo y que continúe al frente de la alcaldía. Por higiene democrática y para dignificar la corporación que preside, debería presentar sin más demora su dimisión irrevocable. No hacerlo voluntariamente, o a requerimiento de concejales y compañeros de partido, deberían ser sus socios de gobierno municipal quienes forzaran su marcha para ser reemplazado en el cargo por otra persona con una imagen pública más presentable.
El comportamiento puesto de manifiesto aquel día por Puente, que no era la primera vez en el que incurría, sino uno más de los muchos que reiteradamente le gusta protagonizar, ¿puede ser calificado como agresión? No física, faltaría más, pero tal vez ¿agresión verbal?, con la que se busca, en el fondo, eliminar a quien se ve como un peligro para sus intereses políticos, y que, además, deja evidentes secuelas políticas, no en el agredido sino en el propio agresor.
No debió ser suficiente denigrar a Pilar Vicente, que cuando ésta abandonaba el salón de plenos, remató su desafortunada intervención diciendo: «si no les echas, se van», palabras que a juicio del Grupo Municipal Popular son «de una baja catadura moral» y de una actitud que «sobra» en la política municipal y que «demuestra, una vez más, las malas formas y las malas mañas del señor Óscar Puente».
Para agravar la situación, días después, el todavía alcalde de Valladolid insistió en su feo comportamiento al seguir desacreditando a Pilar Vicente a través de su cuenta de Twitter y en entrevistas concedidas a varios medios de comunicación, acusándola de «camuflar su curriculum y vestirlo de lo que no es», y asegurando que la concejala de Ciudadanos nunca había sido responsable de expansión de una firma textil. Afirmaciones que pudo desmentir Pilar Vicente mostrando públicamente el documento que, firmado por el gerente de la empresa, acreditaba la veracidad de su curriculum.
Lejos de pedir disculpas, Óscar Puente continuó con su actitud beligerante, no dando credibilidad al documento que descalificó al considerarlo como «un papelito que no sabemos quién ha firmado», y exigiendo a la edil poner «el contrato o la nómina encima de la mesa» por ser, a criterio del alcalde, los «únicos documentos oficiales» que pueden acreditar su categoría profesional, confundiendo torpemente la categoría profesional con la función desempeñada en una empresa. De primero de Derecho.
Evidenciar poco talento, mostrar malos modales y faltar al respeto a personas e instituciones, no son los mejores avales para ostentar la máxima representación y ser primera autoridad de un ayuntamiento, que en el caso de la institución vallisoletana, nunca había conseguido un nivel de degradación tan grande. Si Valladolid era conocida, ayer, como una ciudad con un «alcalde machista», hoy, con una persona supuestamente progresista, se la conoce como la ciudad regida por un «alcalde machista, clasista y mentiroso». «Tres epítetos, tres, con los que Vicente traza un breve y profundo análisis psicológico y ético de Puente… El rifirrafe de Puente con Vicente sugiere, ante todo, falta de capacidad y madurez política» (César Mata). ¿Será «más madura» que Óscar Puente la sobrina de tres años de Teresa López?
Acerca del incidente hubo un cobarde silencio por parte de las ediles del mismo Consistorio, de las ediles de los ayuntamientos de la provincia y de las ‘miembras’ de los colectivos feministas, que en ningún momento han reprobado la actitud de Óscar Puente. Reproche a compartir por sus socios de gobierno municipal que, por sumisión o por complejo de inferioridad, han preferido guardar un silencio cómplice, no se sabe muy bien por qué, cuando están siendo chuleados, relegados y ninguneados (recuérdese el percance protagonizado en la Lava por la concejala de Cultura y Turismo con el concejal de Urbanismo, que ejercía de alcalde accidental).
Si Óscar Puente continúa en la cerrazón de no dimitir, será bastante evidente que el PSOE cobija en sus filas un alcalde egocéntrico, radical y rencoroso; si Valladolid Toma la Palabra y Sí Se Puede le mantienen su apoyo se convertirán en las ranas del Ayuntamiento de Valladolid; y si las feministas no se manifiestan pidiendo su dimisión confirmarán su doble vara de medir. Óscar Puente, que insulta llamando corruptos y golfos a sus adversarios políticos, ¿cómo calificaría a quienes prescinden de la ética y de la moral en su actividad política? ¿Quién pactó con un condenado por acoso sexual para hacerse con la Alcaldía de Ponferrada? ¿Quién consigue que sus hijos aprueben en los despachos asignaturas que suspenden en clase, valiéndose de su condición política, contactos y de un asqueroso tráfico de influencias?
¿Quién dice que en Cataluña hay normalidad y que los no nacionalistas viven «muy cómodos»? La cobardía y ocultar los símbolos de la nación no son normalidad.
Valladolid, para regenerar su alcaldía, necesita una persona trabajadora, honesta, respetable y respetuosa. ¿Lo es Óscar Puente? ¡Tic, tac, Óscar Puente, váyase ya!