AL TRASLUZ
La hipótesis del amor
Hablemos de misterios. El británico Michael Atiyah, matemático de 89 años asegura haber resuelto la hipótesis de Reimann, considerada uno de los siete misterios del milenio. Pocos me parecen, a mí me salen bastantes más. Al parecer, tal hipótesis tiene que ver con los números primos. Confieso que hasta ayer estaba convencido de que eran los del móvil de Puigdemont. Soy de letras, mis eurekas son distintos. Acepto lo incomprensible, sin necesidad de domesticarlo. Hasta aquí mi tono socarrón. Leo en un blog del profesor Francisco R. Villatoro que la demostración presentada por Atiyah es errónea y consecuencia de su demencia senil: «Todos debemos tratarle con el mayor respeto. Fue uno de los mayores matemáticos de su tiempo. (…) Me cuesta escribir esto: Sus últimos artículos no son trabajos matemáticos sino poemas sobre el dolor por la persona amada». La muerte de su mujer, también matemática, lo ha empujado fuera de lo científico. Es al saberlo cuando muchos comprendemos lo que antes nos resultaba incomprensible en su argumento. Pues claro: el efecto multiplicador del amor, la muerte como resta insoportable, ser uno escindido en dos cuerpos… No comprendo la hipótesis de Reimann, pero sí la de Atiyah.
Escribe Villatoro sobre la demostración presentada por el anciano investigador: «Como poema matemático que es no está escrita para ser entendida, sino para ser sentida; su objetivo no es introducir nuevas ideas entre los matemáticos, sino inducir sentimientos en el lector del lenguaje matemático». Pero la senilidad del sabio nunca es «balbuceo», como asegura este joven científico, ni siquiera en el patético ocaso.
Y los de letras también descubren. Gracias a una beca Leonardo, patrocinada por la Fundación BBVA, la filóloga Patricia Marín puede centrarse en su hallazgo en una abadía romana: 500 cartas de amor de cinco damas al cardenal Coloma, escritas en el XVI y con seudónimo. Desvela en un reportaje en El Mundo que la firmante como «Dorida» era Juana Álvarez de Toledo, hija del marques de Villafranca del Bierzo y esposa del marqués de Távara. Ah, la naturaleza humana, madre de todos los enigmas… El amor cuenta con los dedos. Y acierta incluso cuando se equivoca.