Diario de León
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cuerpo a tierra antonio manilla
León

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No vayamos ahora a dárnoslas de lo que no somos, por favor. Aquí han estado comprándonos los bancos la nómina con cacerolas y teles de plasma durante décadas, tratándonos como lo que éramos: unos subdesarrollados financieros. Era la cultura del regalo, de las cosas aparentemente gratis, del «a mí todo lo que entre en el precio, aunque reviente». Ahora que las entidades financieras no dan ni la hora y los bufets libres están en manos de los chinos, mucha gente ha respondido echándose al monte de la pijería de los bocados delicatesen, las ginebras de frutos del bosque con la tónica escanciada y los tatuajes alrededor de las gónadas. Cuanto más raro, mejor. Hay una crisis de identidad personal evidente. Como si respirásemos el aire indeciso de una adolescencia fatal y contradictoria. Pero estas son estafas menores y autoinfligidas. Que nos cuelen casos Fórum Filatélico, preferentes, cláusulas suelo y otras estafas piramidales, además de para no ponerlo en el currículo, nos da el nivel económico real que tenemos como sociedad. No estamos para tirar cohetes ni tampoco como para invertir en bolsa.

Como ocurre que los políticos y hasta los empresarios salen de la propia comunidad, y en ocasiones no precisamente de entre los mejores, el «toma la subvención y corre» de la empresa Vestas a los primeros les ha pillado por sorpresa y a los segundos sólo se les ha ocurrido justificarlo invocando el dogma de la libertad de empresa, que en este caso quiere decir que el dinero no tiene patria, aunque tenga santuarios. Como creo que a la mayoría de la gente corriente, que recelamos de las ayudas públicas a multinacionales en la era de la deslocalización, a uno esa cruel espantada le ha parecido lo más natural del mundo. Son daneses, esto se sabía, y aunque eso no implica necesariamente que sean vikingos, se han comportado como un Olaf cualquiera. Por desgracia, para los trabajadores de la eólica y para León, de haber tenido otra nacionalidad, probablemente hubieran actuado de la misma forma: dentro de la legalidad. Porque dentro de la legalidad, aunque fuera de la conciencia, sin tan siquiera trazas de humanidad ha sido su proceder empresarial, pura política de tierra quemada.

En un país de pícaros trasquilados, a los que se compra con tablets y cacerolas, de políticos sin paraguas y empresarios absolutorios, ¿aprenderemos? Urge, como mínimo, un protocolo contra razias.

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