Convulsión en Europa
E l diagnóstico del grave problema que vive Europa está claro: auge del populismo que pretende utilizar la democracia para alcanzar el poder y proceder a su destrucción. No debe caber duda alguna que el sistema democrático se vería degradado si los que manipulan los derechos de los ciudadanos nacionales llegaran a gobernar.
El ejemplo más claro se está viviendo en Italia donde los intereses particulares del líder de la Liga Norte, el vicepresidente económico, Matteo Salvini, están predominando sobre los intereses generales de los italianos y plantea pulsos a la Unión Europea con el objetivo de una desestabilización que le permita aprobar unos presupuestos maquillados para no afrontar las verdaderas reformas que necesita Italia y el enorme déficit que coloca al país trasalpino en una práctica bancarrota si no se adoptan las reformas adecuadas.
En poco tiempo, los italianos comprobarán que los mensajes xenófobos y racistas anti-inmigración utilizados por Salvini no resuelven sus problemas, sino que sirven para atizar un enfrentamiento europeo promovido por especuladores y dogmáticos que pretenden abocar a Europa a una situación límite donde la extrema derecha imponga sus postulados y su forma antidemocrática de sociedad. Es cierto que la corrupción en Italia ha servido a los populistas para reforzar sus posiciones, sobre todo al Movimiento 5 Estrellas de carácter más izquierdista antisistema. El caso es que hay fenómenos que definen las circunstancias de cada país y los populistas surgen en la extrema derecha y en la extrema izquierda, aunque si se realiza un análisis mínimamente riguroso de sus postulados ideológicos se comprueba que todo converge en una estrategia para lograr el poder e imponer sus intereses. Precisamente, la Unión Europea sirvió para poner freno a las ambiciones de la extrema izquierda griega una vez que su líder Alexis Txipras alcanzó el poder. Nada tiene que ver lo que se dice y propone en la oposición con la responsabilidad que supone el ejercicio del poder donde millones de vidas dependen de las decisiones que se adoptan.
Cuando el gobierno griego dependió del dinero de Bruselas para pagar los salarios públicos entendió la cruda realidad de un sistema imperfecto pero el menos malo posible. Los países del este europeo como Polonia y Hungría sufrirán en poco tiempo las lamentables consecuencias de sus gobiernos extremistas. Alemania, Francia y otros países sufren el avance del populismo mientras el brexit se cierne como una durísima prueba de fuego para la Unión Europea.