Diario de León
Publicado por
PANORAMA diego carcedo
León

Creado:

Actualizado:

C reo que todos estamos de enhorabuena, escépticos y pasotas incluidos. Y por dos razones, ambas importantes: la primera, porque los estudios de filosofía, tan lamentablemente apartados de las aulas, volverán a ser incluidos en los planes educativos. ¡Albricias! Apenas bebo alcohol, pero a punto estuve de descorchar una botella de sidra y escanciarla, como me enseñó mi abuelo hace muchos años, para brindar con los amigos. Menos mal que por una vez la sensatez se impuso y las clases van a prescindir unos minutos de la formación en el campo de los negocios para que los alumnos aprendan desde pequeños a pensar, a discernir, a valorar mejor el sentido de la vida. Es una buena noticia que ya por si sola invita a reflexionar. Y en esta ocasión a reflexionar positivamente, con la satisfacción subida. Los números no sobran, pero el pensamiento tampoco.

La segunda razón para la euforia es menos sublime, aunque igualmente importante. La recuperación de la asignatura de filosofía, de la que ninguna generación debió ser privada, ha sido aprobada en el Congreso por ¡unanimidad! Todos los representantes apoyaron la iniciativa. ¿No es grandioso? ¿Cuánto tiempo hacía que los 350 padres de la patria no se levantaban al tiempo a decir sí a un proyecto importante? La unanimidad en política suele merecer reparos, pero alguna vez es conveniente para que la imagen de la democracia salga robustecida. Elegimos a los diputados para que nos representen y defiendan la pluralidad de ideas con libertad, lo que ocurre es que a veces, da la impresión de que confunden su misión luchando por sus intereses partidistas y escenificando parodias del circo romano. El lenguaje tabernario y las formas, empezando por el atuendo de algunas señorías incapaces de revestir el cargo no digo que con elegancia sino con pulcritud, sorprenden. Es incomprensible que algunos no sean conscientes de la necesidad de ganarse la credibilidad tan necesaria para el buen funcionamiento de las instituciones.

El Parlamento, tanto da que sea el Congreso como el Senado, es escenario frecuente de falta de sintonía con los ciudadanos. Los debates, a menudo innecesarios, eluden las preocupaciones y problemas de la gente para caer en peleas internas, buscando el deterioro del adversario, y olvidando que las diferencias se resuelven hablando sin gritar, respondiendo con corrección, y buscando el consenso. Quienes lo olvidan se equivocan. Unos debates intensos pero sosegados serían seguidos con mayor atención. La técnica del qué dices que me opongo está muy desgastada. Cabrearse por exhibir discrepancias sólo conduce a degradar la seriedad de la política. Sobre muchas cuestiones de interés hay más coincidencias que las que reflejan los rifirrafes. El consenso sobre la enseñanza de la filosofía es un lección de concordia.

tracking