Diario de León
Publicado por
antonio manilla
León

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Hay un vídeo de esos que corren por las redes sociales que a mí me ha hecho pensar bastante, pese a ser de guasa. Lo protagoniza una japonesa que se dirige a la cámara, mientras su pareja está distraída con el móvil, y pide nuestra connivencia para gastarle una broma pesada: grabar su reacción mientras ella finge haber metido los dedos en un enchufe y que se está electrocutando. Al pasmo del hombre se suceden, consecutivamente, el lanzamiento a la cabeza de ella de una botella medio vacía de plástico de unos cinco litros, dos violentas patadas frontales en las costillas y la chacota finaliza bruscamente cuando el hombre enarbola una pesada silla de madera con la que va directo hacia la crisma de su media naranja con la intención de evitarle una muerte casi segura mediante el expeditivo método de provocarle un coma. En ese momento, la embrollista pide árnica y desvela la trama, girando compulsivamente el enchufe desenchufado entre sus manos y salvándose así de un trauma craneoencefálico gracias a esa oportuna y por otro lado bastante lógica inmersión en un estado de shock, el cual no consta que a fecha de hoy lo haya superado porque ahí se detiene la grabación.

Si no se trata de una chanza guionizada —las coces son bastante verdaderas, aunque con el salvaje humor amarillo nunca se sabe—, ni de un sutil plan de revancha por parte de ese karateca vengativo que para tantos europeos hay dentro de cualquier ser con los ojos rasgados, la verdad es que todas las decisiones extremas que toma ese hombre son inteligentes: trata de separar la carne de la electricidad sin que le alcance ni una chispa. Plástico y madera son buenas elecciones; los golpes, contundentes y raudos, minimizan riesgos. Sin embargo, aunque todas las acciones sean inteligentes, ninguna es adecuada. Y no lo son —ya les decía que me ha dado para pensar durante un largo paseo— porque la amenaza no era cierta, entre la apariencia y la realidad hay un elemento de distorsión que lo cambia todo. Y, claro, a uno esa reflexión lo ha llevado, paso a paso, a otros ámbitos de la actualidad en donde entre lo que vemos y lo que es también puede ser que haya algo que se nos oculta. La prórroga de los presupuestos, los cansinos penultimátums independentistas, el estornudo de Dani Mateo, las decisiones del Supremo…

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