cuerpo a tierra
Ciencia vudú
La magia y la ciencia no responden a las mismas preguntas. Ambas son un intento de comprender el mundo, pero no el mismo mundo. Mientras que el chamán trataba de establecer correspondencias entre el cielo y el suelo, el científico se afana en enunciar leyes que sean universales. Pero hoy, en un siglo que muy merecidamente tiene a la ciencia en un altar, hay instalado un descrédito de la magia que es inmerecido, porque la lógica de ésta era aplastante. Irrebatible, dentro de su ámbito de creencias: si los dioses existían e interactuaban con los hombres, bien gobernando el día a día, bien nada más escribiendo su destino en las estrellas, los hombres podían interceder ante ellos por sus intereses o para adivinar su futuro.
Pero en realidad la magia es la madre remota de la ciencia porque, en ese ejercicio de mediación entre lo sagrado y lo humano, los brujos fueron sacando conclusiones, machacando hierbas en un mortero, contemplando los ciclos de la luna y previendo la llegada de las estaciones lluviosas. Haciendo ciencia sin laboratorio a través del método prueba-error. Los conocimientos heredados de ese mundo que ya no es el nuestro aún están entre nosotros y, aunque la bioquímica sea capaz de condensar en una aspirina el bien equivalente a masticar cien hojas de sauce, hay gentes que todavía prefieren aquella medicina alternativa, el remedio casero y la aromática infusión, como hay quienes todavía se fían más de las recomendaciones de Virgilio en las «Geórgicas» para plantar un árbol que del análisis de suelos de un ingeniero de Agrícolas.
Alguno podrá argüir que a veces nos llegan noticias de que la ciencia se desdice a sí misma, y lo que ayer era malísimo para la salud hoy es la materia prima del bienestar, como el aceite de oliva, prohibido durante décadas y ahora imprescindible en cualquier dieta sana. Estas son cosas que ocurren con el conocimiento, que no es un pilar inamovible. Lo que no se corrige es el dogma. Las creencias irracionales, que nunca se rebaten a sí mismas, porque se alojan en las profundidades. Como esa homeopatía o memoria del agua que por fin desautoriza nuestro sistema sanitario, a la que algunos han llamado «aguachirri» y no llega ni a eso, porque por el número de Avogrado sabemos desde hace mucho cuál es el límite de dilución. Ciencia vudú la llamó certeramente alguien.