Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Oro negro

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A veces, pudiera parecer que iniciamos una carrera para eliminar nuestro pasado que nos persigue a modo de sombra incómoda recordándonos todo aquello que preferimos olvidar.

Es imposible que alguien esté absolutamente satisfecho y muchos menos orgulloso de todo aquello que hizo en tiempos pretéritos. Es condición humana no acertar siempre con las decisiones tomadas, con los comportamientos hacia los demás. Salvo algún que otro iluminado con una suerte de revelación divina que considera que hace todo bien, por cierto, que suelen ser un peligro social, el resto de los mortales debemos asumir nuestra falibilidad.

Estamos asistiendo a una especie de catarsis colectiva y expiación de pecados en lo referente a nuestro pasado energético. El considerado como oro negro de la provincia, y no es el universalmente conocido con esta terminología, ha pasado a ser un demonio estigmatizado con todas las propiedades dignas de los más aberrantes hermanos suyos protagonistas de la Divina Comedia .

La palabra carbón ha dejado de ser sinónimo de riqueza para convertirse en el mejor de los casos en un símbolo de una época pasada de crecimiento económico, pleno empleo y alegría en el gasto. Digo, en el mejor de los casos, porque los hay que solamente con oír tal término les entra una especie de posesión diabólica que obliga a su interlocutor a recurrir a la alegoría para evitar males mayores en la salud del endemoniado.

Energías limpias, energías alternativas, energías no contaminantes son los términos que imperan de forma despótica en el vocabulario de economistas y científicos. Claro que todos queremos que el término energía vaya asociado al epíteto limpia y mucho más. ¿Quién no va a querer un mundo sin contaminación, libre de residuos y miasmas que nos carcoman la salud?

La cuestión es que necesitamos generar la suficiente energía para que no se paren los motores de un sistema económico depredador de recursos materiales y espirituales. Y digo esto porque el capitalismo salvaje de sus inicios ha vuelto. Más y más producción al menor coste posible.

Es la cuadratura del círculo, queremos producir más y mejor. Bien, de acuerdo, pero ¿cómo? ¿Tenemos energías alternativas ahora y ya que puedan sustituir de forma inmediata al carbón con más rentabilidad y no contaminantes? Si la respuesta es afirmativa, yo me apunto.

Me temo que no todo el mundo está de acuerdo con que la respuesta sea positiva. Los mayores consumidores de carbón del mundo, los Estados Unidos y China discrepan. Ellos dos son suficientes para cargarse el medioambiente mundial, por lo tanto, lo que pueda decidir España en materia de contaminación medioambiental lastimosamente tiene un impacto residual, como por otra parte nos ocurre con casi todo a nivel internacional, dada nuestra escasa relevancia en el concierto de las naciones.

Quisiera aclarar que no soy un terrorista climático que aboga por el carbón como fuente energética de forma radical. Solamente afirmo que mi tierra, El Bierzo, y mi provincia, León han sufrido un exterminio industrial en las últimas décadas y que el carbón les dio mucho a ambas y que no es justo renegar de él sin misericordia. Los que nos criamos en pueblos mineros sabemos lo que significó el carbón para la vida de cientos de miles de personas y esto merece un respeto.

En medio de toda esta incertidumbre sobre nuestro futuro aparece dando la batalla, negándose a asistir al entierro del carbón un hombre de raza, un hombre minero que anuncia que tiene intención de sacar de la unidad de cuidados intensivos a su amado carbón.

Manuel Viloria es un hombre de mina como le gusta definirse y no cabe menos que esbozar una sonrisa de satisfacción cuando uno lee en la prensa que quiere iniciar un nuevo proyecto minero. No sé si está acertado o no, no sé siquiera cómo concluirá su empeño pero, sí sé que peleará hasta el fin por lo que el más quiere, su Bierzo, su provincia.

Frente a derrotismos estériles, este hombre trasmite una fuerza y vitalidad acompañadas por una capacidad brutal para el trabajo que son los componentes necesarios para cambiar el destino de nuestra comarca. Este hombre es el ejemplo vivo de que eso denominado como tercera edad es una invención de algún jactancioso intelectual que no sabía lo que era el trabajo como vocación de vida.

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