Diario de León

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MÁXIMO SOTO CALVO ASOCIACIÓN PRO IDENTIDAD LEONESA
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C ada año se entrega, largo años atrás, el galardón que han sabido titular Leonés del Año, y ha sido objeto de mi atención, por cuanto lo leonés siempre me ha motivado, dado ese empuje especial, el fuerte apego que girando alrededor de la personalidad leonesa, o encaminado hacia ella misma, nos lleva a identificamos como leoneses,

Va de oro, no de oropeles, aunque huelga decirlo, por si ante la sencillez con la que brotan estas letras quedara empalidecido el mérito, mejor los méritos del literato y escritor y leonés Juan Pedro Aparicio. Para él son los laureles de Leonés del Año 2018. Y así comparezco aquí, en esta Tribuna amiga que siempre acogió mis escritos, para mostrar públicamente, en este caso, mi satisfacción ante la merecida elección.

Si bien soy consciente que reunir aquí palabras bien elegidas marcando un contenido laudatorio, al nivel deseable para destacar al autor, será a pesar de todo mi esfuerzo y dedicación, algo que, me temo, no conseguiré llevar más allá del buen deseo, cuando lo pertinente sería la belleza literaria que resaltara a un bien galardonado leonés, que ha descollado en el noble arte de escribir transmitiendo ideas y valores.

Mas, algo sí debo dejar claro: brota este lauro desde los mejores sentimientos de afecto y admiración, nacientes en un fuerte remanso de agradecimiento, cuando aquél, el sedimento, es la valiosa «masa madre», su: «Reivindicación leonesa de León», para el mejor «ser leonés» del que presumo y con el que me identifico.

Perdóneme ahora el galardonado, por el inciso que intercalo tocante al tema, pues lo tengo aferrado cual rémora. Sé que comprende, y hasta casi lo podía esperar, esto de no dejar pasar la ocasión sin alguna puntualización referente a lo leonés y autonómico, mi permanente caballo de batalla, cundo la injusta situación se alarga, se alarga…

En algún medio he dejado constancia escrita de cierta discrepancia sobre la elección del leonés a galardonar, según momento, oportunidad y circunstancia, ¡cuestión de opinión!, en todo caso bien intencionada. Personalmente nunca hubiera puesto la mirada en Martín Villa, año 1976, toda vez que el daño a los leoneses adscribiéndonos «por sus razones» al ente autonómico, centralista y absorbente, era más que previsible. Un demérito. A la par, un personaje, Odón Alonso, padre, por su dedicación a lo cultural leonés, cargado de sencillez personal y buen hacer, supo musicalizar el verso de Pinto Maestro para el vigoroso Himno a León, y darlo a conocer. Un gran mérito.

Ya en el presente, y en honor al recién elegido, debo anunciar el dolor que tan sólo por pensarlo me causaba que, hasta que la autonomía enclaustrante de lo leonés, y sus políticos dirigentes no decidieron en 2012 otorgarle el Premio Castilla y León de las Letras, no se levantara el veto que pesaba sobre nuestro bien galardonado escritor; y su candidatura para Leonés de Año pudiera gozar de apreciación y votos para ser tenida en cuenta y elegida. Ésa es mi percepción, no pretendo que diga más de lo que dice, y va sin animosidad hacia quienes han creado el galardón. Estimo, presumo… y no descarto el error.

Desconozco el baremo que manejan los anteriores galardonados establecidos como jurado, lejos de amistades y simpatías, para determinar a quién le pertenece cada año. Desde fuera, siempre he estimado que lo netamente leonés, como cualidades o méritos deberían primar sobre todo lo demás, sin que esto suponga intencionadamente degradar merecimientos de estudios, vivencias y aportaciones a la sociedad en general.

En el palmarés de Juan Pedro Aparicio encontramos obra literaria bien premiada, de reconocido valor que otros han sabido exponer e interpretar con fundamento y total justeza. Yo, por mi parte, siempre he tenido en cuenta, además, su vertiente histórica de León, Reino y Región. Desde la identidad leonesa, bien defendida, hasta su premiado ensayo: Nuestro desamor a España…, sin olvidar su León: Cuna del Parlamentarismo , en sí reúnen más que suficiente peso específico galardonable.

Ya manejamos muchos, su neologismo castispaña que encierra tal precisión sobre el arcaico, histórico y maledicente peso agobiante castellanizador, en nuestro caso sobre lo leonés, que, dado su poder definitorio, se va haciendo imprescindible su uso.

Hoy quiero mostrar mi satisfacción ante la elección de Juan Pedro Aparicio para el galardón Leonés del Año que le otorga Radio León. ¡Gracias desde el fondo sentimental, sincero, del «ser leonés»! Con todo respeto Juan Pedro. A tenor de lo antedicho, aporto un ¡nunca es tarde!, cuando se vencen los imponderables.

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