Menos mal que están los jóvenes
En su día me llamaron alarmista, y ahora vuelvo la vista atrás y pienso que me quedé corto». La frase es de un gurú económico del clima. Nicholas Stern hizo historia hace más de una década con sus augurios sobre las terribles consecuencias del calentamiento global. Ahora asegura, doce años después, que todavía no hemos entendido nada. Todo sigue igual porque nadie se pone manos a la obra.
Mientras tanto, la Nasa confirma que el año pasado fue el cuarto más cálido de la historia desde 1880 y que los últimos cinco años son, colectivamente, los años más cálidos del registro moderno. No hace falta que nos lo cuenten, lo vemos. Lo experimentamos casi cada día con un tiempo loco que lo mismo te lleva al verano en pleno invierno que al invierno en pleno verano. Una locura que, en el fondo nos gusta, porque el calorcito de los 15 grados que nos acaricia la cara en pleno mes de febrero nos hace olvidar que al invierno no se lo come el lobo, que tarde o temprano acaba haciendo acto de presencia aunque sea en agosto. Y entonces volverán los incendios y se alargará la temporada sobre la de años pasados en una cuenta que no hará más que sumar cifras. En calor llegará cuando le toca al frío y viceversa. Las inundaciones costeras, las olas de calor, las precipitaciones intensas y los cambios en los ecosistemas son algunas consecuencias lógicas del cambio climático, además de problemas de salud que pueden ser mortales y también alergias, asma o afecciones circulatorias, por poner algunos ejemplos.
Menos mal que hay una nueva generación que se preocupa mucho más que los políticos. Una hornada de la que forman parte miles de jóvenes de todo el mundo que ha tomado el relevo del compromiso ambiental. Que tienen poder de decisión y han alzado la voz para hacer ver a los que mandan que esto no puede continuar así. Una de ellos es Greta Thunberg que, a sus 16 años, se ha convertido en icono juvenil en pro del medioambiente con sus protestas cada viernes frente al parlamento de Suecia para exigir a su Gobierno el cumplimiento del Acuerdo de París. Su ejemplo ha movilizado a miles de estudiantes en casi 300 ciudades de todo el planeta. Y esto no ha hecho más que empezar.