TRIBUNA
Siempre incordiando

P ienso que es de todos conocida la rivalidad que desde hace años existe entre León y Valladolid, entre Valladolid y León. Realmente no tiene categoría de noticia como no lo es la rivalidad, entre Oviedo y Gijón, entre Vigo y A Coruña o entre Cáceres y Badajoz. Ocurre con algunas ciudades españolas que parece que tienen su otro yo en otra ciudad de la misma comunidad. Debe ser nuestro carácter.
Quiero referirme a León y Valladolid porque es la zona donde vivo y de la que más conozco. Desde hace un tiempo, yo creo que desde que tomó posesión de su cargo, el Regidor de Valladolid su alcalde, Óscar Puente, parece que tuviera a León entre ceja y ceja, pero siempre para resaltar y divulgar malas noticias, referidas a León o dicho de otro modo para hablar no excesivamente bien de las cosas de León. Es algo que lleva dentro (da la sensación) y que a las primeras de cambio necesita pregonarlas.
Podría decirse también que es un poco narcisista de su ciudad. Está bien que te guste y defiendas tu ciudad, por cierto bellísima, pero que no es New York ni falta que hace, pero hombre, siempre evacuando malos modos en la misma dirección, pues mire vd., no es eso. Escasas menciones negativas de este hombre dirigidas a Burgos, a Segovia, a Ávila, o Zamora y Palencia. Sin embargo, ya digo, León está siempre en la recámara para cuando hay que meterse con alguien y que en una comparación siempre salga victoriosa Valladolid.
En cuanto a relaciones políticas con sus correligionarios, por lo que ataña a León, siempre el alcalde Silván, de León, está tendiendo puentes, practicando la cercanía, y valorando que habla con un político de la misma Comunidad aunque no del mismo partido. Directamente no es correspondido o esa es la sensación que se desprende de esos contactos.
Merecería que esos que se creen salvadores de la patria, bajaran el tiro, se pusieran el mono de trabajo y se mostraran más cercanos en las relaciones del día a día que es donde, de verdad, se van haciendo las cosas y construyendo lo que todos deben querer que no es otra cosa que tener una Comunidad sólida, fuerte y con empuje para lograr cosas para sus ciudadanos.
Siempre se ha hablado mucho de la relación entre los políticos y los ciudadanos, especialmente en épocas como ahora, inmersos todos en unas elecciones generales, pero no es menos importante la relación entre si de los políticos. Y eso no está arreglado.
Y en el caso del alcalde de Valladolid, Óscar Puente, desde luego, y en base a su comportamiento con los temas de León, no lo está y costará mucho que lo esté mientras el Sr. Puente mantenga el tipo de actuaciones que lleva a cabo.
Convendría tomarse estos temas muy en serio porque lo que comienza como un heridita de nada puede llegar a convertirse en algo mucho más importante y peligroso. Tenemos que aceptar, entre todos, que aunque afortunadamente vivimos en democracia hay que convenir que ésta es todavía un poco débil y hay que ir haciéndola fuerte en su crecimiento.
El Sr. Óscar Puente destila aún un estilo lejano a lo que debe ser un político demócrata que sabe lo que hace y sobre todo porqué lo hace. A parte que no es agradable tener que estar escuchado o presenciando frases o acciones que, en condiciones normales, no tienen porqué darse. Y practicar un poco más el respeto, cuesta muy poco y se gana mucho. Es un gran negocio. Pero hay que practicarlo y dejar las cosas mínimas al lado.
Le pido al alcalde vallisoletano que disfrute más de lo que tiene, que sea un político imparcial y justo y que recuerde que en esta Comunidad debe prevalecer el bienestar y el progreso de todos su ciudadanos y no arrimar tanto el ascua a su sardina ya que corre el peligro de quemarla y entonces la pérdida sería mucho mayor.