Diario de León
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PANORAMA FRANCISCO MURO DE ÍSCAR
León

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L o prometo. Me ha costado decidirme, pero iré a votar. A pesar de los debates en televisión, en los que tanta esperanza teníamos todos, y a pesar de los líderes que tenemos al menos por lo demostrado en esos enfrentamientos donde en lugar de intercambiar ideas y proyectos, se lanzaron mentiras sin pudor. Empezando por el presidente del Gobierno que usó un documento falso —¿otro?— y siguiendo por los dos líderes del centro derecha animando a sus votantes a no acudir a las urnas dado que no parecen dispuestos a llegar a un acuerdo serio y riguroso para ofrecer un alternativa a la izquierda. ¡Y eso que son socios de gobierno en Andalucía y en otros lugares de España!

Pablo Iglesias, también engañando, triunfó dentro y Vox fuera. Si la intervención del líder de Podemos tuviera algo que ver con lo que defiende su partido, sin duda habría que votarle. Pero si lo hacemos, este país retrocederá décadas en libertades y en progreso económico. A Vox, sin estar en los debates, le hicieron un favor los cuatro líderes, a pesar de ser un partido sin cuadros, sin proyecto y sin futuro.

Desencantar a los ciudadanos, a pesar de las audiencias masivas —que demuestran necesidad de asentar el voto— es un riesgo grave para la regeneración y para la democracia. La baja calidad de esta democracia no es culpa ni del marco legal ni de la ciudadanía. Es responsabilidad de la clase política. No es de recibo tener un presidente de Gobierno que exhibe un documento falso imposible de contrastar en ese momento. Ni unos políticos que quieren alcanzar el poder y que son incapaces de un diálogo reflexivo y respetuoso con propuestas sobre las que debatir. Ni tampoco se puede decir, con un mínimo respeto a la realidad, que la culpa de la sanidad pública que tenemos —que por cierto es excelente y está entre la mejores del mundo— es de la colaboración con la sanidad privada, sin la que la pública sería peor. O que hay que acabar con la educación concertada, cuando sin ésta, la pública —que es manifiestamente mejorable por culpa de las pertinaces leyes socialistas— sería aún peor y, sobre todo, no habría libertad de enseñanza.

O que ninguno de los líderes hable de la calidad de la justicia y la necesidad de cambiar con el máximo consenso posible leyes básicas que afectan la seguridad jurídica de los ciudadanos y a los que vienen de fuera y quieren invertir. El problema no es la elección de los vocales del Poder Judicial sino la calidad de la Justicia, tan necesitada o más de medios económicos y personales que la educación o la sanidad. Y es que tenemos fantásticos profesionales de la sanidad, de la justicia y de la educación, pero políticos que usan la sanidad, la justicia, la educación y casi todo lo demás como banderas de partido. Me va a costar, pero el domingo voy a ir a votar. Aunque todavía no sé a quién.

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