Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ??ARTURO PEREIRA??

El fin de la eternidad

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León

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V ivimos como si nunca debiéramos morir. Y digo debiéramos morir porque no creo que sea bueno para nosotros alcanzar la inmortalidad. Soy consciente de que se está poniendo mucho esfuerzo y dinero encima de la mesa para aproximarse a uno de los impertérritos anhelos de los seres humanos.

Seguro que ante la posibilidad de convertirse en inmortales la práctica totalidad de los seres humanos se aferrarían a ella de forma definitiva, aunque tuvieran que traicionar todos sus valores, familiares y algunos incluso a sus mascotas. Es una tendencia tan natural y comúnmente arraigada que todos hemos soñado alguna vez el no tener que asistir a nuestro propio funeral.

Pero, la cuestión es que, aunque no seamos inmortales intentamos negar esa realidad y nos comportamos como pequeños diosecillos en la cotidianeidad de nuestras vidas haciendo uso de ensoñaciones que nos trasladan a un mundo onírico que nos aleja de nuestra humanidad caduca.

Incluso los hay que mezclan el reparador sueño con su realidad. Hay comportamientos que son difíciles de entender si no fuera porque se puede concluir que determinadas personas se encuentran totalmente alejadas de la realidad. Seguro que a cada uno de nosotros se nos vienen a la cabeza muchas de estas conductas que nos dejan perplejos, y de ahí que pensemos que son individuos de otro planeta; ellos o nosotros.

La toma de conciencia sobre la necesaria muerte hace que las personas nos planteemos la necesidad de nuestra existencia y su significado. Es un elemento de control frente a las inhibiciones totales o al desaforamiento de pensamientos y conductas. Sin nuestra fecha de caducidad la humanidad sería un lugar muy diferente, creo que peor.

No considero que la inmortalidad nos aportara una mayor felicidad. Imaginemos todas nuestras miserias, envidias y lamentos que a diario sufrimos y hacemos sufrir a los demás. Ahora añadámosle que no tuvieran fin porque nosotros no lo tuviéramos. No se me ocurre un infierno peor, ni el del bueno de Dante.

Ni que decir tiene que los conflictos también serían eternos, no sé si alguno quedaría que, tras una época de efervescencia inmortal, no firmara el regreso a su calidad de simple humilde mortal. Porque debemos ser sinceros, es difícil y duro pasar determinadas adversidades de la vida como, pongamos por ejemplo cosas no muy graves, pero sí desagradables; divorciarse, tener que pagar la hipoteca o simplemente ser de algún equipo de fútbol que nunca gana… evidentemente no hay cristiano que aguante eso una eternidad.

No nacemos para ser eternos; «todo pasa, nada queda», frase estoica totalmente realista y sensata. No es resignación, es una visión de nuestra vida de acuerdo con nuestra naturaleza, es una realidad cierta que nacemos para morir. No entiendo la necesidad de vivir para siempre. Puedo entender que queramos más tiempo, sobre todo en el caso de aquellos que viven intensamente y de forma plena la vida. No lo entiendo tanto en aquellos que siempre se están quejando y aburridamente tienen una visión existencialista de su realidad vital, ¿para qué quieren prorrogar hasta el infinito situación tan poco halagüeña?

Yo, me quedo con mi caducidad, con el poco o mucho tiempo que me reste disfrutando de lo que la vida me permita disfrutar e intentando aceptar con el mayor estoicismo que mis limitadas fuerzas me permitan, los sinsabores que son muchos de este mundo. Pero, lo que no me preocupa en absoluto es la llegada de la parca, simplemente porque aparece cuando menos uno menos la espera pues es traidora por definición, pero muy eficaz.

No me preocupa para nada el fin de la eternidad, o, mejor dicho, el comienzo de la eternidad, eso lo dejo para quienes aspiran a perpetuarse en el universo de las vanidades y veleidades humanas que configuran un círculo, en este caso sí infinito.

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