Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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No nos vamos a sorprender a estas alturas de las piruetas, contorsiones, prestidigitaciones y demás números circenses a que nos tiene acostumbrada la grey política. Pero no por ello deja de sorprender la extrema rapidez con la que los partidos (todos en general, aunque unos mas que otros) son capaces de modificar en tiempo record mensajes y estrategias con tal de captar el voto.

El encadenamiento de dos convocatorias electorales en el estrecho margen de cuatro semanas ha propiciado un espectáculo de transformismo político sin precedentes. El protagonizado por Pablo Casado, que, de anunciar el último de campaña de las generales su disposición a compartir gobierno con Vox, pasó tres días después a calificar de «extrema derecha» a dicha formación, gracias a la cual el PP y Ciudadanos gobiernan en Andalucía. En consonancia con lo anterior, y simulando el regreso a un centrismo deliberadamente abandonado, los populares adoptaban el lema Centrados en ti como eslogan para la campaña electoral del 26-M.

Por su parte, Vox, que exhibió cierta actitud de perdonavidas en las pasadas generales, ha dado un giro copernicano a su estrategia electoral. En la anterior campaña declinó participar en cualquier tipo de debate electoral, denostó a la generalidad de los medios de comunicación y se permitió vetar el acceso de periodistas a sus actos públicos. Y todavía llegó más lejos: anunció que si estuviera en su mano, procedería a clausurar cierto canal de televisión.

Algún experto no ofuscado con el discurso del partido ha debido de advertir a Vox que con semejante estrategia de comunicación, electoralmente se estaba disparando al pie. Y de la noche a la mañana hemos visto a Vox asistir a los debates a los que era invitado y reclamar su presencia en los que no lo había sido, así como conceder entrevistas a los medios que antes vetaba e incluso participar en las tertulias políticas de la televisión que pretendía cerrar. Toda una transformación.

PSOE, Ciudadanos y Podemos no han cambiado básicamente sus estrategias después del resultado de las generales, pero ello tampoco presupone un signo de coherencia. Desde luego no en el caso del partido naranja, cuya falta de rectificación cabe ser interpretado como un gesto de soberbia por parte de Albert Rivera: Mantener un caprichoso cordón sanitario ante el partido de largo más votado en las pasadas elecciones constituye toda una contumacia en el error, sobre todo cuando después del próximo domingo Ciudadanos se verá abocado a pactar con el PSOE en numerosos ayuntamientos y más de una comunidad autónoma.

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