Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Si hay palabras que necesitan ir al psicólogo, sin duda, derecha es una de ellas. ¿Quién soy, qué significo?, se pregunta desconcertada. Y en vez de interrogar a su votante, le encarga la respuesta a una consultora que la cobrará un potosí. Las palabras y las ranas si no brincan es que falta la charca, pues lo suyo es brincar. Ser de derechas hoy no significa lo mismo que hace una década, no ya que en la Transición. «En mi coche solo pongo casetes de Joselito, ¿soy por ello de Vox?». No necesariamente, pero ahora comprendo por qué su hijo toca la batería en un grupo heavy llamado Leña al burgués y me como su entremés. No es bueno que los partidos permanezcan estáticos, tampoco que parezcan tener el baile de San Vito. Ahora ya casi no empleamos el término conservador, pero centrismo y derechismo no son sus sinónimos, aunque permanezca a la misma familia ideológica. Ya Machado se preguntaba al respecto, a través de Mairena: «¿Conservadurismo? Siempre que no lo entendamos a la manera de aquel sarnoso que se emperraba en conservar la salud, sino la sarna». En efecto, no vaya a resultar que ser hoy conservador consiste en llevar golilla. La lengua es transmisora de los cambios de valores, pero la demagogia es otra cantar. Por ejemplo, progresista es un concepto comodín, una coletilla de significación imprecisa. ¿Para qué buscar o crear palabras si tenemos las de siempre? Pues porque, en efecto, todo cambia. O casi. Y debemos intentar ser precisos.

Según la Real Academia Española chatear es irse de chatos y mantener conversaciones mediante chats, aún la docta casa no ha incorporado la acepción de hacer el amor con personas chatas. En estas cosillas, don Juan Tenorio y Kiko Rivera siempre van por delante.

El domingo estuve paseando por León con el académico José María Merino. Mantuvo ayer una charla coloquio con López Herrero, en el Colegio de Médicos. Hoy presentará, en Valladolid, en la Feria del Libro, el ensayo que ha coordinado con Grijelmo. Me da que Puigdemont no lo tiene en su mesilla, aunque debería: Más de 555 millones podemos leer este libro sin traducción (Taurus). Y con el subtítulo: La fuerza del español y cómo defenderla. A esto se le llama escribir claro.

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