Diario de León

¿A cuántas Noas tendremos que enterrar?

Publicado por
ARA ANTÓN ESCRITORA
León

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L as mujeres no deberían andar solas a altas horas de la noche, tampoco transitar por lugares conflictivos ni aproximarse siquiera a grupos poco fiables —¿Y eso cómo puede saberse?—, no vestir de forma provocativa... ¿Tampoco asistir a fiestas escolares a los once años? ¿Ni a los doce? ¿Ni caminar cerca de un callejón, por si los depredadores se encuentran al acecho?

?Por supuesto, no vamos a disculpar a los causantes de las agresiónes, pero claro, las víctimas deberían haber puesto algo de su parte para evitar el conflicto. Siempre, de manera indirecta o completamente directa, la sociedad las culpabiliza. Y si acaso el trauma de soportar una violación no fuera lo suficientemente lesivo, las mujeres que lo han sufrido deberían encerrarse en casa a llorar, para cumplir con los comportamientos que, implícitamente, toda la sociedad espera. Véase el caso de La Manada, cuando se criticó a la chica por salir con amigos poco después, o por no defenderse gritando un ¡Noooo! suficientemente alto y prolongado, cuando está más que demostrado que una de las manifestaciones instintivas controladas por el nervio vago, que forma el sistema parasimpático, en su zona vagal-dorsal, tiene por objetivo ralentizar las funciones corporales, bajando la frecuencia cardiaca, la respiración, la energía corporal, la cantidad de sangre que llega al cerebro, de modo que el sujeto, además de no reaccionar, puede llegar a olvidar lo que está pasando. Su cuerpo queda expuesto a la agresión, pero su mente se evade y todo este proceso ocurre de forma totalmente inconsciente y como defensa de males mayores. Si esa situación se atasca, el sistema nervioso queda dañado y aparece el trauma. Pero ahí están algunos todopoderosos, machistas e ignorantes juristas, unidos a la mucha gentuza que pueblan las calles, que aseguran, muy convencidos, que no vieron resistencia, por tanto, la víctima participaba en la orgía y el desenfreno enfermizo de una pandilla, a la que, a este paso, acabaremos pidiendo disculpas.

El machismo nos domina cada vez más, pues ha llegado a convencer a mujeres, e incluso a niñas, para que expongan sus cuerpos y comportamientos sexuales al morbo de las masas, a través de unas máquinas de las que ya todos somos dependientes. Y esas fotos y vídeos compartidos sirven de venganza, convirtiéndose en mofa de ese populacho, tan abierto y avanzado, hasta la crueldad extrema de conducir a sus ingenuas protagonistas al suicidio. Mujeres y niñas que se han dejado embaucar por la degeneración machista, que no da ningún valor a las relaciones sexuales, que no son para ellos más que un juego. ¿Cuándo entenderemos que «nosotras» no somos «ellos»? Iguales en derechos, pero distintas en tantas cosas que, por mucho que queramos ocultar, están ahí y, cuando salen, Noa muere, con el consentimiento y beneplácito de una sociedad que, en lugar de intentar dar solución a los problemas, los sepulta para que no molesten.

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