TRIBUNA
Guzmán el Bueno: héroe leonés y universal

C omo es notorio, este año se conmemora el 725 aniversario de la defensa de Tarifa (1294), en cuya actuación Alonso Pérez de Guzmán alcanzó la categoría de héroe universal. Y León —su tierra y la nuestra— debe ofrecerle un homenaje de admiración y respeto por su gesta heroica. Un prototipo de honor y lealtad que bien merece un recuerdo por su heroísmo que impresiona más cuanto más desnudo de oropel al verificar el cumplimiento de la amenaza del sacrificio de su hijo (Per Alfonso), según el cronista Sánchez Saus. La historicidad del hecho está hoy más que acreditada para la crítica. El niño tendría unos diez años de edad, secuestrado por el infante don Juan (de triste memoria) para entregárselo al caudillo benimerín (Iben-Yaqub), como cruel chantaje, si Guzmán no entregaba la plaza de Tarifa. La tragedia tuvo lugar, en opinión contrastada por la historiadora Mercedes Gaibrois, en la segunda quincena de agosto de 1294, cuando se cumplen setecientos veinticinco años.
Es evidente que nos encontramos frente a Guzmán que, aparte de sus capacidades militares, tenía un alto concepto del sentido del deber; es decir como los grandes héroes. Y es que el héroe tiene el carácter de ser un gran hombre; incluso, en este caso, con su dolor silencioso, tras defender el supremo bien y la dignidad de la España cristiana de la época. Sin duda, Guzmán, que alcanzó el calificativo de Bueno, representa la humanización de un personaje como ejemplo para las generaciones presentes y venideras. La clave de su trayectoria se halla bien enraizada en su alma heroica. Rendir homenaje a los héroes constituye una exigencia de justicia histórica y patriótica. La heroica defensa de Tarifa (Cádiz) frenó el asalto benimerín sobre Andalucía, y obligó al caudillo de Fez (norte de África) a retirarse de Algeciras, y regresar a toda prisa a su país. Era entre los meses de abril y agosto de 1294 cuando Tarifa fue duramente asediada. En esos meses, Guzmán puso a prueba sus capacidades militares, y, como es sabido, dio ejemplo de firmeza y mostró un alto sentido del deber con «ardorosa leonesidad», digna de los grandes héroes. De ahí que lograse el alto honor y la dignidad de «Guzmán el Bueno». En este sentido, todos los historiadores coinciden en afirmar que Guzmán, con su defensa de Tarifa, se convirtió en un héroe universal. Y el honor como culto a los héroes, lo fue siempre, nos dejo escrito Thomas Carlyde. Lo heroico en la historia está reflejado, con exactitud, en la trayectoria de Guzmán. La gesta, como recuerdo permanente, se mantiene, por otra parte, tanto en la ciudad leonesa, como en Tarifa, Santiponce (Sevilla), Madrid y en otros lugares de Andalucía. Porque estamos ante un personaje que transciende de pertenecer a un territorio concreto, ya que los hechos heroicos no son patrimonio de un sector, sino del entero universo histórico y cultural. Ahora bien, no podemos olvidar que nació en León (24.1.1256), y es parte de nuestra común historia. De ahí que tanto las instituciones: Diputación, Ayuntamiento, comunidad científica y cultural, así como otras entidades están llamadas a este homenaje para honrar al héroe leonés universal. Decíamos en «honores a Guzmán el Bueno» (ver Diario de León, 15 de mayo de 2019) «que algo tendrán que decir acerca de la efeméride de la gesta de Guzmán». Lo que se ensalza de un acto heroico cabe aplicarlo a Guzmán el Bueno. Es de confiar, pues, que en este 725 aniversario, tanto la universidad, autoridades u otras entidades leonesas no olviden sus obligaciones de «hombres de buena voluntad». Es evidente que las instituciones leonesas, en general, tienen el deber de promover actos histórico-culturales para dar relieve a aquellos personajes «hacedores de la historia de un pueblo», con el fin de ser conocidos y admirados.
En resumen, rendir homenaje a un héroe español y universal, como Guzmán el Bueno, es un orgullo para la comunidad leonesa. Aquel leonés, Alcaide de Tarifa que defendió con firmeza el «alma colectiva» de la España de entonces, creyó en la victoria, aunque fuese con dolor y sacrificio, bien merece nuestro recuerdo y admiración. Los hombres, como Guzmán, son los que hacen grande a un pueblo, y, en definitiva a una nación. Son, además, una representación genuina de las creencias firmes en ese universo ejemplar, alejado del deshonor y la cobardía. En este sentido, nuestro héroe destacó, hasta el último día, por su honor y lealtad a su mandato. Porque, en verdad, los héroes nunca mueren, ya que con su evocación se mantienen a lo largo de las presentes y futuras generaciones. Y Guzmán es uno de esos personajes que, a pesar del olvido de ciertas entidades, brilla por la estrella de su lealtad y generosidad sin límites para defender el supremo bien de una plaza de España. Entre aquellas torres de Tarifa fue el Alcaide y centinela para cumplir con su responsabilidad histórica. La victoria con dolor humano, coronó sus desvelos, y gracias a su fe alcanzó otra victoria: la de los héroes del deber. Bien merece un homenaje en la glorieta leonesa de su nombre. Que su estatua no sea, únicamente, un elemente decorativo de la ciudad, porque Guzmán el Bueno será siempre un gran personaje vinculado a la vida comunitaria y solidaria de los leoneses de ayer y hoy. Además, la figura de Guzmán se prolonga, por otra parte, a través de su familia. Larga historia de este caballero leonés, que entró en la literatura con sus luces y sus sombras, siendo fundador de una gran estirpe de la «saga de los Guzmanes», que tanto honran a León.