Madrid, por sus fueros
ras 24 años ininterrumpidos de gobiernos populares, el PP ha conseguido mantenerse al frente de la institución, a pesar de no haber ganado las elecciones —el socialista Gabilondo ha obtenido 37 escaños por 30 la popular Díaz Ayuso— y de que la justicia está avanzando en el esclarecimiento de unas tramas de corrupción que ya han conducido a la cárcel a Ignacio González (ex número dos de Aguirre, expresidente de la Comunidad él mismo) y a Francisco Granados (exconsejero de Presidencia, ex secretario general del PP madrileño) y que han llevado a la Fiscalía a solicitar el procesamiento de las expresidentas Esperanza Aguirre, al frente de la CAM entre 2003 y 2012, y Cristina Cifuentes (2015-2018), que tuvo que dimitir por falsificar su currículum y por haber protagonizado un caso de cleptomanía.
En el momento actual esta abierto el caso Púnica, de financiación ilegal del PP, encabezado por Granados, con docenas de implicados; asimismo, hay otros cuatro casos abiertos que, contemplados en su conjunto, constituyen una historia de terror en que la falta de escrúpulos es la norma.
Pues bien: en estas circunstancias, Ciudadanos, que había ido a la política para regenerar la política española, primero, y para liderar la derecha, después, ha apoyado con fervor la candidatura de Ayuso, tragando incluso la compañía ingrata de Vox, sin cuyos votos la operación no saldría.
En Andalucía, Ciudadanos se alineó con el Partido Popular (y también con Vox) frente al PSOE porque tras tanto tiempo de poder socialista y los conocidos escándalos de corrupción, con el de los ERE en primer lugar, la regeneración y la renovación eran necesarias por encima de todo. En Madrid, como en Castilla y León, esta regla parece que no vale.
Todo lo cual, lejos de aproximar a Ciudadanos al liderazgo de la derecha, ha servido para consolidar a Casado al frente del PP: su pésimo resultado el 28-A se ha disimulado gracias a los favores de Ciudadanos, que han permitido al nuevo líder popular conseguir un significativo poder territorial. Ciudadanos, en cambio, que está desapareciendo precipitadamente de Cataluña, camina con paso firme hacia la irrelevancia como muleta de la ‘derecha verdadera’.
Todo este espectáculo, encabezado por la bisoñez de Ayuso, no es en absoluto edificante, y aunque Casado recupera oxígeno con esta conquista, él mismo es sin duda consciente de que pisa terreno minado y así lo ha demostrado al no acudir a arropar a su candidata.
Creo que el electorado de este país se fija últimamente más en la calidad que en la cantidad, y no parece que la CAM vaya a aportar en el próximo futuro grandes dosis de prestigio al Partido Popular.