Procesiones en cuarentena
Entre clásico y costumbrista se ha venido moviendo mi parecer en el tema procesional leonés por Semana Santa. O tal vez mejor deba hablar de mezcla de puridad y rechazo a la innovación.
En este medio, el 3 de abril de 1996, tuve oportunidad de encajar un artículo de opinión, que llevaba el título de ‘ Bailar’ los pasos en León . Quedaba con tal epígrafe evidenciado que iba a mostrar mi parecer sobre esta práctica que en extraño increscendo se venía ensayando. Es menester destacar que nada tiene que ver con el mecido habitual, respetuoso, para la observación del drama portado a hombros, durante el progreso procesional, en su secular ruta por la capital legionense. Rompe el ‘baile’ con toda norma de sobriedad, digamos leonesa, aunque lo austero, no sea patrimonio nuestro, pero si adorno o cualidad marcada hasta ahora. Estoy aludiendo al desfile procesional matutino del Viernes Santo, de gran arraigo, no digamos con el Encuentro de la Plaza Mayor que no necesita de innovaciones para gane en valores, sino que sea tomado como imprescindible.
Ya hace años que no veo en persona el Encuentro, los años vividos, frenan ímpetus y descolocan la voluntad, pero la TV me ha permitido comprobar la plasticidad del momento con todos los pasos, en mecido compartido, en tanto, las andas (me niego a lo de trono) de San Juan, mediante la genuflexión progresiva de adelante a tras de los braceros, se postra reverente ante la Madre Dolorosa. Imprescindible destacar la posición central y observadora del Nazareno de triste mirada, cuya mano derecha en anhelante postura parece «querer asirse al aire». ¿Cómo puede encajar con tal imagen un supuesto baile de las andas que soportan el Gran Drama?
El breve sermón, alocución del sacerdote actuante, bien incardinado, viene a recordar a los presentes (me niego a llamarlos espectadores) que están en un acto religioso o con gran componente de religiosidad. Si se comparte fe, no hay problema, pero si tan sólo se busca conocer la procesión, cual espectáculo, no resulta difícil comprender el extraño proceder del aplauso, que viene a ser un acicate para el que he llamado ‘baile’ se practique.
Me decía, no hace mucho, un papón de los de antaño, que eran los jóvenes los que en cierta madera se descontrolaban introduciendo esta práctica logrando que la innovación inoportuna se prorrogara.
Este año, cuando el virus frenó toda salida procesional, y muchas más cosas, algunas cofradías e incluso algún particular se han preocupado de mostrarnos facetas procesiones, en la amplia ventana de internet, y de modo especial la de los Pasos, sobre la que he puesto hoy especial énfasis. La he podido ver, me refiero en video, haciendo su entrada en la calle San Francisco y progresar.
Por ello hoy me permito hablar de la simbiosis musicalización baile ocasional durante la marcha. Éste, el baile, muy ocasional años atrás, venía a mostrar un momento de alborozo paponil al cumplir un primer trámite en San Isidoro y más marcando al culminar en Santa Nonia, pero no todos los pasos y sin afán saltarín siguiendo los compases musicales de los grupos orquestales que les acompañan actualmente, que sin duda les invita a ello. En la elección de las piezas a tocar, encontraremos otra clave.
Recogía muy bien el video citado, con poco interés observador que uno pusiera en captar la faceta que nos ocupa, faceta espectáculo, cómo algunos pasos, ante determinadas piezas musicales, seguían los sones a golpe de hombro. Se ha ido de las bandas de tambores y cornetas, aunque ya venían éstas últimas intercalando sones demasiado agudos,a punto de la estridencia, hasta los que me atrevo a llamar grupos musicales. Y por lo tanto se ha procedido a la musicalización de los desfiles, otro objeto de controversia para los más puristas, o tradicionalistas, incluso indistintamente del mayor o menor compromiso religioso. Y así la relación estampa, estética, no se ha de comparecer con la fiesta, espectáculo, de moderno cuño.