Diario de León

CRÓNICAS BERCIANAS

El doble sentido del progreso

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León

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RECUERDO que hace diez años, desde mi ventana en Cuatrovientos, se podían ver muchos operarios trabajando tras las choperas de la Minero. Por la noche escuchaba el mercancías de la madrugada arrastrando interminables vagones de carbón a los almacenes. Los pueblos estaban más habitados y las fincas más cultivadas. Hoy las cosas han cambiado. Hace ya unos años que no pasa el tren, ni trabaja nadie tras las choperas, y los pueblos, y las fincas están cada vez más abandonadas. Un rasgo de las culturas más desarrolladas es el paso de los dos primeros sectores productivos (agricultura e industria), al tercero (el sector servicios). Esto es lo que está pasando en estos momentos en el Bierzo, no podía ser una excepción. En menos de diez años, el «boom» turístico ha creado empleo en unas partes de la comarca y lo ha quitado en otras. Los pueblos del anillo montañoso que nos rodea se están quedando tristemente sin habitantes. Abandonan sus lugares de origen porque su ocupación (eminentemente agrícola ó vinculada a la mina), ya no produce los beneficios suficientes para mantenerse a sí mismos o a sus familias. Un caso muy claro de esta situación es el de la cuenca minera del Sil. La crisis está llevando a sus habitantes a zonas más urbanas, donde abunda el beneficioso sector servicios. Llenan así las poblaciones más grandes, que necesitan planes de crecimiento para poder albergar tanta afluencia de población. Este cambio de vida ha implicado también un cambio de mentalidad en las personas. Hace no muchos años, la montaña de carbón de Ponferrada era un símbolo, un elemento más de la ciudad, como el Castillo o la plaza Lazúrtegui. Actualmente (lo que queda de ella), es sólo un estorbo, un espacio ocupado por algo que no debería estar ahí. Un recuerdo a un pasado minero que está en decadencia, cuyos escombros no están siendo eliminados, sino trasladados a un lugar menos visible. Pero no todo el mundo rural está condenado. Existen pueblos que han sido agraciados con el brillante dinero del turismo. Vivir cerca de algún monumento histórico o tener en la propia localidad algún edificio que salga de lo común, aseguran el porvenir del pueblo y generan puestos de trabajo. Desgraciadamente, esto ocurre en contadas zonas del Bierzo. Por lo general, las aldeas envejecen y no se regeneran. El progreso que está cambiando esta comarca en sí mismo es algo bueno, porque ha fomentado una tremenda mejora de las comunicaciones, ha divulgado la comarca más allá de las fronteras del país y ha traído a estos lugares un nuevo sector productivo (el turismo). Pero al tiempo que trae beneficios, también arrastra consecuencias negativas. Ha quitado puestos de trabajo y ha contribuido al abandono de pueblos y aldeas, que al fin y al cabo, son una parte muy importante de nuestra comarca. Difundimos, irónicamente, el turismo rural. Si esto continúa igual, en algunas décadas tendremos que acabar difundiendo el turismo de pueblos abandonados.

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