La Reconquista
LA Reconquista ha durado menos que la anterior, en el supuesto de que todo se quede como está, que es como estaba. No se ha registrado ninguna víctima en el ya célebre islote Perejil, gracias a Dios y a Alá y quizá también a San Pancracio. El comando marroquí que lo ocupó bruscamente no opuso una heroica resistencia y el pedrusco vuelve a ser nuestro. Todos coinciden en que hubiera sido mejor una solución diplomática, pero ni el mejor conversador puede dialogar con un autista. El episodio, aunque ocupe ahora muchas páginas en los periódicos, tendrá poco sitio en los libros de historia. En el mundo están pasando cosas incomparablemente más importantes. La más grave de todas, a mi juicio, es el contagio de la inmoralidad económica, que es la más rentable de todas. En el Senado de Estados Unidos compareció Alan Greenspan, que dicen que es un genio mundial de la política monetaria, a pesar de tener pinta de geniecillo de cuento infantil: se refirió a los fraudes contables como «una avaricia infecciosa» que se ha contagiado de modo incontenible. Nunca ha habido más golfos de levita ni más ladrones de guante blanco, ni más gente afectada por las estafas corporativas. La avaricia rompe el saco, pero el nuestro, que es muy frágil, está lleno de remiendos. Como a los grandes magnates bursátiles no les gusta echar nada en saco roto, el suyo está blindado. De vez en cuando, eso sí, tienen un contratiempo, que el mejor escribano echa un borrón y el mejor torero sufre una cornada. Es el caso de Jean-Claude Trichet, presidente del Banco de Francia y candidato a presidir el Banco Central Europeo el año que viene. Ha sido procesado por escándalo financiero. Se le acusa de maquillar las cuentas de un banco nacionalizado cuya catástrofe le costó a los contribuyentes más de 15.000 millones de euros. Algo más que la gasolina que nos ha costado a nosotros reconquistar Perejil al alba y con viento de Levante. El castigo hubiera sido dejar allí, para siempre, a los okupas. 07/17/17-02/2002 a.