Diario de León
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LA criminal actividad de la banda terrorista ETA sigue condicionando la vida política del País Vasco. Pese a los buenos deseos contenidos en los discursos del lehendakari JuanJosé Ibarretxe, lo cierto es que la política del Gobierno de Vitoria tiene un algo de virtual, de planes completamente ajenos a la realidad que viven los ciudadanos vascos cada día, en la calle. Siendo el primer y principal problema el que se deriva del acoso terrorista -varios cientos de personas se ven obligados a vivir con escolta y otros tantos se han visto constreñidos a abandonar Euskadi-, nunca aparece como tal en la lista de prioridades del Ejecutivo vasco. Pesa más la etiqueta nacionalista que el imperativo institucional que se deriva del hecho de que el lehendakari lo es -o debería serlo- de todos los vascos. Ahora, como se sabe, mantiene abierto un plazo de ultimátum con el Gobierno central a propósito del número de transferencias pendientes. Ha pasado un mes desde que fue formulado el plazo de dos para fijar un calendario en el que quedaran finiquitadas todas las transferencias pendientes -un órdago cargado de significaciones políticas contradictorias- y, mientras tanto, en lo fundamental: la lucha contra el terrorismo, Vitoria apenas tiene algo que aportar. Hacen política virtual dejando pasar una tras otra todas las oportunidades para establecer con claridad los límites del territorio en el que se mueven. Tenemos otro ejemplo en la Ley de Partidos y su inminente aplicación de cara a una eventual ilegalización de la Batasuna, el partido político que apoya a la ETA. ¿Qué piensa hacer al respecto de esta situación el Partido Nacionalista Vasca? ¿Quizá planee votar a favor de la ilegalización para acabar con el escarnio que supone que gentes que apoyan a los terroristas y no condenan sus crímenes dejen de escarnecer a las instituciones con su presencia? Nada de eso. Marearán la perdiz para, al final, votar en contra a sabiendas de que Batasuna es lo que es: el brazo político de una organización que pone bombas, mata niños y encima tiene la desfachatez moral de echarle la culpa del crimen a las víctimas. Es probable que los dirigentes del Partido NacionalistaVasco estén pensando en los réditos electorales que esta posición les puede reportar en los comicios municipales de la próxima primavera. Como presidente del Gobierno Vasco, el ciudadano JuanJosé Ibarretxe debería hacer historia distanciándose de esa posición partidista y hablando en nombre de todos los vascos. Ni siquiera tendría que escribir un discurso, le bastaría con rescatar el que pronunció su antecesor, el lehendakari Ardanza, el día en el que dos desalmados asesinaron al pobre y recordado Miguel Ángel Blanco. Debería hacerlo Ibarretxe, aunque sólo fuese en homenaje a Silvia, la niña de seis años asesinada en Santa Pola y cuya muerte no ha conmovido ni lo más mínimo a las fieras de Batasuna. Ni lo más mínimo.

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