Diario de León
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León

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TA ha amenazado a los partidos que se atrevan a votar a favor de la ilegalización de Batasuna, e incluso advierte que considera una afrenta la abstención. No es que suponga una novedad que ETA amenace, pero si que lo haga de forma tan descarada defendiendo a su brazo político, de manera que no quepan dudas de que Batasuna es su criatura. Pero aunque no suponga una novedad, aunque los partidos democráticos supieran que votar por la ilegalización de Batasuna iba a tener una respuesta por parte de ETA, las amenazas directas siempre impresionan. Lo peor no es que ETA amenace, lo peor es que las relaciones entre el gobierno central y el gobierno vasco cada día se deterioran más, y no parece haber por ninguna de las dos partes ánimo para el reencuentro. Y esto, si se me permite, si que es una mala noticia, porque el Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna, el nacionalismo vasco democrático son, a mi juicio imprescindibles para hacer posible la convivencia dentro y fuera del País Vasco. Pero en Madrid, en el gobierno de José María Aznar se han instalado las teorías de que hay que doblegar y ganar al nacionalismo, y en el País Vasco, en el gobierno Ibarretxe se han empeñado en una huida hacia adelante que no se sabe donde puede terminar. Así unos y otros, Aznar y Juan José Ibarretxe, cada vez están enconando más el conflicto mientras se lanzan acusaciones, descalificaciones, y hacen discursos encendidos sobre la incomprensión del otro. Ni Aznar puede continuar con su política de querer arrinconar a los nacionalistas vascos democráticos, ni estos pueden continuar instalados en la ambigüedad defendiendo a gente que son cómplices directos de los asesinatos de ETA. Se tendría que volver al espíritu de Ermua que consiguió poner contra las cuerdas a los terroristas. ETA ha vuelto a amenazar y ya se sabe que cumplirá su amenaza sembrando muerte y horror, porque es una organización criminal que extorsiona, tortura y mata. Pero lo peor ya digo es que los responsables políticos no hagan un esfuerzo extraordinario, para sentarse las horas que sean necesarias y buscar puntos de acuerdo. Es intolerable y de una irresponsabilidad absoluta que José María Aznar y Juan José Ibarretxe no hablen. Su comportamiento como gobernantes deja mucho que desear si no son capaces de sentarse a hablar. Y no parece que ese vaya a ocurrir a uzgar por la actitud de uno y otro y por el evidente distanciamiento. Pero están obligados a ello por encima de sus sentimientos, ideas partidistas, y demás. Les va en el sueldo.

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