De noche y con niebla
A miles de magrebíes y subsaharianos les ha costado la vida entrar en España, pero a nosotros nos está costando mucho dinero impedir que entren. Lo que sí ha entrado en funcionamiento es el Sistema Integral de Vigilancia Exterior, el Sive para los íntimos: una complicada trama de cámaras grumetes y radares en la que el Ministerio del Interior se ha gastado 120 millones de euros, que son una pasta. El gran Saramago dijo hace algún tiempo, a propósito de la inmigración, que no hay barreras contra el hambre. Los que no tienen nada seguirán arriesgándose y se jugarán la vida, que en su caso no es vida, por llegar a un sitio en el que les han dicho que hacer la digestión dos veces al día es algo habitual. El SIVE va a tener trabajo: tendrá que detectar si hay moros en la costa desde Huelva hasta Almería, que antes era la cenicienta y ahora, gracias en buena parte a otros inmigrantes, es la provincia más rica de Andalucía. Incluso de noche y con niebla podrán divisarse las pateras, esos yates de los desheredados, ataúdes repletos de personas que aún viven. ¿Cómo imaginarse eso cuando uno está en la playa, entre sombrillas de colores, viendo cómo los niños del verano, que son siempre los mismos, intentan meter todo el mar en su cubo de plástico? Quienes llevan la cuenta aseguran que más de 4.000 personas han muerto durante los últimos cinco años intentando llegar y mezclarse con nosotros, aunque sea en condición de esclavos. Es cierto que no caben todos y que no es humanamente posible garantizarles una ocupación, pero lo que sí es humanamente posible es ser más humanos. No puedo seguir el consejo de Manuel Machado, «el mar, el mar y no pensar en nada». Es inevitable pensar en sus náufragos cotidianos. Me obsesionan cada vez que miro el horizonte, que no se cansa de estar tendido. En la misma medida que a otros les deslumbra el lujo del séquito del rey Fahd de Arabia Saudí, que está barriendo las joyerías de Marbella. Se calcula que sus tres mil acompañantes se gastan seis millones de euros al día. Ese es el turismo que nos conviene.