Los amigos de la muerte
LA muerte de un atracador por un disparo de la Guardia Civil, el martes pasado en Sevilla, está provocando más protestas que la muerte de muchos atracados en cualquier ciudad. Las barriadas donde las calles van a dar al campo y no a otras calles se han llenado de jóvenes que no sólo miran con rabia a los coches patrulla, sino que los apedrean. No podemos creer que Los Pajaritos sea el Bronx y que la transformación se haya producido de la noche a la mañana. Tampoco es probable que todos los amotinados fueran íntimos amigos del muerto. Si ha estallado la cólera es porque estaba ahí. Parece como si al Gobierno le preocupara más el olor de las letrinas que el hecho de que existan. Cuando se airean quiere taparlas, pero no ha tenido antes la previsión de impedir que las haya. Centenares de jóvenes desesperanzados, sin estudios y sin trabajo, o con estudios y sin trabajo, pueblan todas las ciudades españolas. Les condenan a ser espectadores, pero en localidades incomodísimas. Deben permanecer de pie y con el pescuezo estirado para contemplar como España va bien. Más allá del tristísimo episodio, que exige aclarar responsabilidades, hay que plantearse otras cosas. ¿Por qué hay embalses de descontento?, ¿por qué se ha producido la creciente crisis de autoridad? Fuentes policiales aseguran que no se puede mantener el control con los efectivos existentes, pero la solución no es aumentarlos, sino disminuir el número de los amotinados. Nada se consigue cruzándose acusaciones entre el Cuerpo Nacional de Policía y los agentes municipales. Todos sabemos que funcionan muy bien cuando no hay disturbios. El deber de la juventud será siempre la rebeldía, pero es la marginación la que convierte en turba y en plebe a quienes podían ser ciudadanos normales. El féretro del atracador muerto fue escoltado por más de cien motoristas sin casco y sin matrícula. Un abierto desafío a la autoridad incompetente. No es posible que todos fueran amigos del muchacho muerto. Lo que ocurre es que todos son enemigos de un sistema que les excluye.