Diario de León
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EFENDIENDO posiciones socialdemócratas en el terreno laboral, y apoyando al Gobierno en asuntos de Estado, como es el terrorismo, el PSOE se acerca notablemente al PP en estimación de voto, según el CIS. Es lógico que, a los seis años en el poder, el partido del Gobierno y el Gobierno mismo empiecen a sufrir una merma de sus perspectivas electorales. Menos lógico parece, sin embargo, que esa merma no sea mayor que la reseñada por el CIS, pues el PP no ha desvelado aún quien será su candidato a ocupar La Moncloa en las elecciones del 2004, y esa incógnita siembra incertidumbres en la clientela popular. La coexistencia entre esas incertidumbre populares y el aún fuerte respaldo social al PP, aunque disminuido, revelaría que, por encima del mismo Aznar y del proceso sucesorio, que sería convulso si no se le aplicase una dosis masiva de sedación disciplinaria, la fidelidad electoral al PP no es circunstancial sino que se expresa como una cierta constante hacia el futuro. Dicho de otra manera: el 41% de los encuestados por el CIS habría firmado un aval en blanco para el sucesor de sí mismo que José María Aznar elija. En su momento. Y mientras ese momento llega, aumenta el riesgo de que las lealtades al Partido Popular disminuyan en la misma medida en que los errores del Gobierno aumenten. No es probable que en la recta final de la legislatura el Gobierno cometa errores de grueso calibre, pero es posible que la nebulosa de la sucesión envuelva al nuevo gabinete ministerial, poblado por las mismas y hasta aumentadas hipótesis sucesorias que el anterior, en parecida nirvana política. Es difícil que en una situación de espera a que el oráculo se manifieste, puedan los ministros más expectantes o concernidos desprenderse de la obsesión por la incógnita sucesoria, en detrimento de la política eficaz y de altura. El aumento de la perspectiva electoral del PSOE podría deberse tanto a su apoyo al Gobierno en asuntos de Estado como a su oposición a todo recorte de derechos sociales, y si lo primero le habría granjeado la simpatía de algún sector del conservadurismo más ecuánime, lo segundo podría haber arrancado de la abstención, recuperándolo, al electorado socialista que llevaba años viviendo en el desencanto. Se ignora, sin embargo, si en el mapa político actual, la socialdemocracia, tan ambigua como la derecha, por tantas socialdemocracias como hay, tantas como terceras vías, ocupará en el 2004 un espacio electoral mayor o menor que su opuesto, llámese derecha, centrismo renovador o neoliberalismo humanizado. Por ahora, el candidato sucesor de Aznar tiene el respaldo en blanco de un 41% de los encuestados.

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