desde la corte
Péndulo patriótico
ES una orden directa del presidente. Todos los últimos miércoles de mes, el ministro de Defensa y el alcalde de Madrid izarán la bandera de España en los Jardines del Descubrimiento. Esos jardines están en la Plaza de Colón, que es el corazón de un Madrid que muchos identifican como «zona nacional», para diferenciarla del otro Madrid del rojerío que se empeña en votar a la izquierda. Los patriotas podrán acudir con gran animación y delicia. Los formados en el Frente de Juventudes recordarán con nostalgia ceremonias parecidas de su juventud. Y la enseña de la Nación quedará muy agradecida, porque la pobre apenas recibe homenajes. El amor del presidente a la bandera es grande y conocido, como no podría ser de otra forma. Hace un año ya dio la orden de colocar esa enseña, que es una de las más grandes del mundo por su tamaño. Diríase que es una bandera imperial por su gigantismo. A los partidos de oposición, sin embargo, no les gusta la idea. Desde el PSOE la critican con vehemencia, y en Izquierda Unida han acuñado una expresión: «El péndulo patriótico». Sin embargo, la iniciativa retrata muy bien la personalidad de Aznar. Basta que el péndulo nacionalista se ponga como se ha puesto para que reaccione con esta exaltación de la simbología patria. Basta que se manifiesten voluntades secesionistas para que envíe este mensaje de identidad. Sólo tengo dos dudas. Una: si el próximo alcalde o alcaldesa de Madrid es socialista y, por tanto, no está sometido a disciplina del PP, ¿acudirá a ese acto? Y segunda: ¿esta exaltación patriótica abrirá algo parecido a una «guerra de la bandera»? No parece que esto inquiete al señor Aznar. Está previsto en el capítulo que dibujaron sus recientes palabras: ante desafíos como el de Ibarretxe, «actuaremos sin complejos». Y, ante esa enseña, está claro que no hay ningún complejo. Ninguno.