EN EL FILO
El ratón y el gato
L nombrar en julio pasado ministro de Trabajo y Asuntos Sociales a Eduardo Zaplana, el presidente Aznar le habría encargado, junto a otras misiones indescifradas aún, la estrategia de desmovilizar a las centrales sindicales, muy crecidas desde su huelga general del 20 de junio. La ruptura entre el Gobierno y los dos sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, se produjo oficialmente con motivo del «decretazo» que recorta o elimina algunos derechos de los trabajadores. Se trataba de una reforma laboral, impuesta sin diálogo ni consenso, y a la que el Gobierno declaró innegociable, excepto en el trámite parlamentario, durante el cual la mayoría absoluta del grupo «popular» iba a aceptar algunas enmiendas propias y tal vez alguna ajena. Zaplana se ha sentido presionado tanto por el Gobierno del que forma parte como por las centrales, progresivamente combativas. El ministro debía reanudar el diálogo social, sin que el «decretazo» sufriera modificaciones que le hicieran irreconocible, mientras que los sindicatos, más que verlo irreconocible, pretendían no verlo de ninguna manera, al no ser retirado por el Gobierno. Como político experimentado, Zaplana se puso a la tarea de cuadrar el círculo, y para ello inició una especie de juego del ratón y el gato con las centrales, anunciando la posibilidad de que algunos aspectos del «decretazo» pudieran ser modificados, pero matizando al día siguiente que se mantendría lo esencial de la norma. Y telefoneó a los líderes sindicales Fidalgo y Méndez para invitarles a dialogar sobre el asunto el próximo lunes 7. Cuarenta y ocho horas antes, pasado mañana, se verá en Madrid una concentración sindical, con centenares de autobuses descargando en la capital miles de manifestantes, y la mayor o menor espectacularidad de ese acto multitudinario influirá obviamente en el diálogo del lunes, reforzando bien la actitud de las centrales o bien la del Gobierno, si la concentración madrileña no alcanzase el volumen previsto por sus organizadores. El pulso entre Gobierno y sindicatos se dirime sobre el terreno legislativo laboral, pero es tremendamente político, pues a él se han sumado los partidos de la oposición, y el portavoz del PSOE, Jesús Caldera, se adjudica la parte de la huelga general del 20-F que pudiera corresponderle al decir que «con una huelga general rechazamos el recorte de nuestros derechos» y que «el Gobierno está rectificando» y que «me gustaría que rectificara a fondo, porque creemos en el diálogo social». El Gobierno, sin embargo, sólo va a rectificar lo que le resulte imprescindible. De momento, parece estar jugando al ratón y al gato, lo que es una forma de ganar tiempo y de crear expectativas.