Diario de León
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EL 4 de octubre es la obligada cita de cada año para que la profesión veterinaria celebre la festividad de su patrono, Francisco de Asís. Puede que en otras ocasiones explicar los fundamentos del patronazgo de algunos santos sobre determinadas colectividades, profesiones, gremios, etcétera, se convierta en una tarea difícil. En este caso la elección que los veterinarios hicieron resulta obvia y sin ningún género de dudas: no podía ser otro que «el insigne cantor de la naturaleza» o «el primer gran ecologista», como ha sido llamado, el hombre que dio ejemplos más que sobrados de su gran amor a los animales y a todo lo viviente. Si los santos patronos son figuras ejemplares en los que mirarse, es claro que Francisco de Asís (1182-1226) reúne todos los requisitos y virtudes para esta profesión tan relacionada con la ciudad de León porque son también evidentes las influencias que la Escuela, primero, y la Facultad, en nuestros días, han tenido y tienen social y culturalmente entre nosotros. La veterinaria, que nace con la aurora de los tiempos, proporciona útiles servicios a la humanidad desde que el hombre pasa de cazador y recolector de semillas a agricultor y ganadero;son los momentos en los que captura vivos y se hace dueño de los primeros mamíferos, que pasan a estar bajo su cuidado y dominio, comenzando su domesticación. A partir de aquí la profesión, que cuenta con más de 5.000 años de historia, ha recorrido todos los estadios de cualquier otra ciencia de este tipo. Parece que la primera referencia a ella figura en el famoso «Código de Hammurabi» (hacia 1792 antes de Cristo) y se relaciona con los honorarios que los hombres dedicados a la rudimentaria clínica veterinaria debían recibir por su trabajo. No es hasta aproximadamente el 1.500 antes de Cristo cuando en un papiro (el de Ebers) aparecen los primeros escritos sobre cuestiones relativas a la medicina humana y animal. Encontramos por primera vez la palabra «veterinaria» en un texto del escritor latino Columela (siglo I d. C.) pero también compartió espacio y tiempo con el vocablo albeitería, especialmente durante la Edad Media. De esta forma los dos grandes bloques culturales existentes en la antigüedad aportaron cada uno un término para designar esta parcela de las ciencias de la salud: por un lado, el greco-latino, de donde proviene el primero de los nombres, y por otro el oriental, que llega a nosotros a través del Islam y que nos ha llegado el segundo de ellos (hay incluso un tercero, menos conocido y utilizado, «mariscalía», procedente del mundo germánico, que incluía entre sus funciones también la de herrador). La ciencia veterinaria, gran desconocida y en ocasiones hasta olvidada, tiene como objeto primordial la salud animal y si bien es la clínica veterinaria la parte que constituye el aspecto más destacado del ejercicio profesional no es menos cierto que existen otras actividades que día a día van tomando mayor relevancia como lo demuestran, por ejemplo, las tareas que la sociedad encomienda actualmente al colectivo veterinario y que están relacionadas con la higiene alimentaria y la salud pública.La clásica expresión que orna su escudo «Higia pecoris, salus populi» se hace eco de la importancia esencial que para la salud humana tiene la higiene animal y la de sus productos derivados. La promoción y el desarrollo ganaderos serán tanto más eficientes cuanto más y mejor funcionen los servicios veterinarios y todo ello redundará en una mejora no sólo de la salud sino también de la economía. Los problemas que la sanidad pública plantea constituyen un reto que la Veterinaria debe hacer frente en cada momento, lo mismo en el terreno de las patologías más tradicionales como en el de las nuevas enfermedades emergentes. Por otra parte, la sociedad actual muestra gran interés por la seguridad de los alimentos que consume. En los últimos años se han producido innovaciones y un desarrollo considerable en la ciencia y la tecnología alimentarias, con una industria en constante crecimiento y con la aparición de nuevos productos. También aquí la veterinaria ha tenido históricamente y tiene una gran responsabilidad en lo relacionado con las garantías de salubridad necesarias, sin olvidar tampoco otras facetas tan significativas para el ciudadano actual como la producción de una ganadería ecológica y respetuosa con el medio ambiente. La Unión Europea reconoce en sus resoluciones la condición oficial del veterinario como experto en la seguridad alimentaria. Se puede añadir a todo ello el papel que debería cumplir de comunicador e informador científico, en un mundo como el actual donde, como muy bien se ha dicho, «todo es comunicación». Es curioso el gran interés que la juventud muestra por los estudios de veterinaria en nuestro país que se ha incrementado enormemente en los últimos tiempos (con amplísima presencia femenina, aún cuando inicialmente fuese una profesión casi exclusivamente masculina); de ahí que exista una tendencia a una cierta saturación de estos profesionales sanitarios. España alberga a día de hoy el treinta por ciento de todos los veterinarios de la Unión Europea y de los aproximadamente 35.000 alumnos de la materia, casi un tercio (unos 11.500) estaban estudiando en alguna de las once Facultades españolas (nueve públicas y dos privadas, que son las únicas de esta clase existentes en Europa). Esto nos hace ser optimistas acerca del futuro de la veterinaria, en un año en el que se cumplen los 150 de existencia de la facultad de León. Que el testimonio que durante toda su existencia dio el santo de Asís en sus relaciones con todos los seres creados y el respeto que manifestó hacia la naturaleza llene de aire fresco, sencillez y amor el quehacer veterinario.

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