El testigo
ESTÁ demostrada la preferencia de muchos mosquitos y parásitos por los países subdesarrollados. En las naciones ricas hay menos pandemias y para eliminar a una parte considerable de sus pobladores se ven obligados a recurrir a guerras. Los científicos, que son los verdaderos héroes de nuestra época, han dado un avance histórico en la larga lucha contra la malaria, que asesina a unos tres millones de personas cada año y no se toma ningún año sabático. Han descifrado el genoma del repugnante insecto culpable de la masacre y a partir de ese hallazgo se podrán desarrollar nuevas estrategias terapéuticas. La verdad es que el Sumo Hacedor, en su infinita sabiduría, hizo muchas cosas que no hacía la menor falta que hiciera. Cuando fray Luis de Granada habla de la «Maravilla de la creación», no repara en la cantidad de bichos malos, absolutamente prescindibles, que conviven con el ser humano. Desde el bacilo de Koch al alacrán hay una larga nómina de especies malignas que nadie habría echado de menos si no existieran. Tampoco añoraríamos en la especie humana la ausencia de ciertos parásitos sociales. Hay un único testigo de la agresión a los menesterosos que practicaba, como diversión, una banda de jóvenes barceloneses. El safari del pobre lo ha calificado de gamberrada, pero no hay que confundir a los gamberros, que cometen reprobables actos de incivilidad, con los hijos de puta que después de comer en un restaurante deciden apalear mendigos para entretenerse mientras hacen la digestión. ¿Cuándo descubrirán los científicos el genoma de estos anopheles urbanos? Si lo encontraran también se podrían desarrollar nuevas estrategias terapéuticas. El testigo, miembro inactivo de la banda, dice que además de palos y cadenas, llevaban un vídeo para grabar sus heroicas acciones y salvarlas del olvido. Decía Anatole France que prefería los malvados a los tontos porque los malvados se cansan. Lo grave es cuando la maldad y la estupidez se juntan. No puede haber peor cosa.