Diario de León
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León

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Si no fuera por la tragedia cotidiana que afecta a la mitad de la población residente en el País Vasco, así como al resto de España, el reportaje emitido por Tele 5 recientemente bajo el título La cara oculta de Euskadi provocaría risa, carcajadas, en cualquier tipo con cabeza con algo de cerebro. Resulta que allí vemos lo que ya sabíamos o intuíamos: que la única diferencia entre una madrasa de Rawalpindi y la ikastola, a cuyo director escuchamos perorar sobre la Formación del Espíritu Nacional (en este caso Vasco), es la distancia; una está en Pakistán y la otra en Guipúzcoa. Coño, creíamos que los hijos de Bin Laden estaban lejos, pero no; los tenemos aquí, a tiro de piedra -o a tiro en la nuca, no se sabe-. Escuchamos cómo los niños estudian sobe la historia de Hernani, sus montes -impresionante el relieve de los mismos-, después sobre la provincia, Guipúzcoa... luego las siete provincias vascas... ¡qué formación más integral, para un niño residente en Europa!, y qué odio, carajo, qué odio se les inculca desde pequeños hacia lo español. Sí, es triste pero es así, nos odian, y mucho, nos desprecian, y lo que es peor, si pueden, nos matan, y lo celebran al igual que en Karachi muchos festejan el asesinato de un americano. Nosotros somos su satán, igual de fanático un talibán, que un droide como los muchos que vimos: que si aquí se tortura, que si los españoles son hijos de..., que soy vasco y con eso suficiente, etcétera; la guinda la pone el pendejo que dice «joer que ves en la tele que si ese es peligroso terrorista, joer si lo conoces, son los chicos de aquí de siempre, buena gente, joer»... En fin, las madrasas han ejecutado fielmente sus programas de adoctrinamiento y lo han hecho muy bien -patético el diálogo de la periodista con un niño que después de contestar en euskera a las preguntas de la periodista en castellano le dice que no le dejan hablar en español-; tenemos ya mártires y perfectos semovientes para treinta años al menos. La pregunta ahora es ¿por qué se siguen consintiendo y financiando a estas madrasas? Sin entrar en cuestiones partidistas sobre si tú lo haces bien y el otro peor, es cierto que el presidente del Gobierno José María Aznar, tiene, en mi opinión, un gran mérito en esta materia. Ha sido él y no otros quien, en primer lugar, resarció a las víctimas del terrorismo, no sólo moralmente como hacían los anteriores gobernantes, sino en lo económico, dando una cobertura material para tantas viudas, huérfanos y dañados por la gentuza de ETA, mediante la Ley de Víctimas del Terrorismo. Un dato que debe resaltarse pues, además de asesinar a sus maridos, las víctimas, en la mayor parte de los casos, debían soportar su dolor en la indigencia; ya estaba bien de acudir a los entierros, para después olvidarse al menos materialmente de las víctimas. Pues bien, señalado el coraje y la decisión política para afrontar algo que ha costado miles de millones -muy bien invertidos-, también ha empezado -ya era hora- por poner las cosas en su sitio a todo el entramado de estos fanáticos, eso sí, con la colaboración del PSOE. Pero tampoco hemos de olvidar que de esos posos vienen estos lodos: los socialistas gobernaron con el PNV en el País Vasco durante muchos años, período en el que, como actualmente ocurre, se financiaban con cargo a presupuestos del gobierno vasco a organizaciones, pseudo culturales y/o educativas -manda güevos-, como las vistas en el reportaje. En suma, centrándonos en la política educativa y de adoctrinamiento, cuanto menos han sido cómplices -ahora no lo son- de todas esas aberraciones y por consiguiente corresponsables de ello, pero no es hora de reproches sino de soluciones y de tener coraje para afrontar el problema. Allá en los montes de Hernani y aledaños viven cientos de miles de talibanes -no nos engañemos, la gente del PNV también siente odio hacia lo español, de lo contrario no hubiese diseñado y sufragado una política en tal sentido, amén de la oferta recientísima de que Euskadi sea un estado libre asociado, todo un síntoma, clarificador-, frente a los cuales el Estado de Derecho tiene que defenderse, y combatirlos activamente. Es ahí donde se empiezan a dar los primeros e importantes pasos, léase actuación policial, ley de Partidos Políticos, actuación judicial, cierre de las Herriko Tabernas, etcétera, pero aún queda mucho por hacer, esto es el comienzo. Debe afrontarse ya el problema de la educación de los niños allí, los planes de estudio, las madrasas como la de Hernani, lo que se enseña, quién y cómo lo enseña. Es hora de modificar leyes, consensuar entre los demócratas medidas para que legalmente se impida crear replicantes, máquinas diseñadas para odiar y estimular la violencia, porque aunque nuestra generación no verá resuelto nunca este problema, hemos de sentar las bases para que a largo plazo el asunto pueda encauzarse. Uno ya sabe que los talibanes dirán que si ataque a la cultura vasca, que si al pueblo vasco, que si fascistas... pero la situación es de tal gravedad que no caben ya parches, el camino es aplicar todos los resortes, sí todos, naturalmente con prudencia, para derrotar a un enemigo, bajo el imperio de nuestro Estado de Derecho, y las garantías que el ordenamiento confiere. Decía en ese reportaje de Tele 5 un colaborador de la banda talibán, a quien ahora sus carnales amenazan, que «oye, a uno que ví, le agarré por los huevos, sí por los huevos, y le dije que estaba de baja sicológica y que mataba a su mujer y a sus hijos y a los dos años, en la calle, que cesaron las amenazas, porque hay que hablarles en el lenguaje que ellos entienden». Bueno, no le falta razón al tipo, pero el Estado debe actuar con procedimientos y métodos democráticos, que naturalmente no excluyen el uso legítimo de la fuerza cuando es preciso y bajo el imperio del Derecho, pero no hemos de olvidar que, quizás a medio plazo, los Tercios Juan de Austria y Alejandro Farnesio, debieran realizar maniobras en los montes de Hernani, para conocimiento y efectos de los que habitan en esas tierras, eso sí bajo la atenta mirada del Iman Arzallus y del Troll Ibarreche, -personaje de una extrema fealdad tanto física como moral- porque oye uno no es de Bilbao, sin embargo, pese a ser español, como nos toquen los cigotos, pues igual...

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