EN EL FILO
Le toca a Aznar
I siquiera Felipe González puede negar a estas alturas que Aznar es un político de talla; ni siquiera ese Felipe González que este domingo daba un paso atrás y cedía el testigo a José Luis Rodríguez Zapatero. Ya se sabe que González ha hecho una forma de vida del desprecio y la minusvaloración de Aznar. Pero Aznar ha sobrevivido a tanto egocentrismo y se ha impuesto a sus propios barones y al desprecio con el que Felipe le distinguió durante lustros. Ahora, tengo para mí que Aznar admira y teme a Rodríguez Zapatero -y por eso le ningunea a la hora de recibirlo en La Moncloa- y viceversa: Zapatero sabe de Aznar que es un rival de cuidado, y respira con alivio cuando sabe que no será contra él contra quien haya de enfrentarse de cara a 2004. Los españoles distinguen a ambos con su aprecio sociológico, y eso hace que el contencioso, hoy por hoy, resulte interesantísimo para quien, como el que suscribe, se dedica a mirar la política sin suscribir póliza con nadie. Lo digo tras contemplar el mitin en el que Rodríguez Zapatero, este domingo, ha sido entronizado como candidato socialista a La Moncloa -bueno, la verdad es que es la tercera o cuarta vez que el secretario general del PSOE recibe el espaldarazo como candidato, pero ya se sabe que en política toda repetición es afirmación, no insistencia-. Lleva un par de buenas bazas de imagen el aspirante sobre el titular: por muy mal que les haya sentado a los del PP, el salto al «ring» de Zapatero en el debate de Presupuestos fue un golpe maestro de imagen. Y lo de este domingo en Vista Alegre, también. Y que no vengan ahora con que todo es un montaje de fuegos de artificio, porque no otra cosa fue el genial aparato que Miguel Angel Rodríguez puso en marcha con el Aznar aspirante frente a González. En política, pónganse como se pongan, las formas influyen en el electorado más que el fondo: lo sabemos hasta los periodistas. Le toca, por tanto, mover pieza a Aznar. Está ya resultando suicida el retraso en nombrar al sucesor de cara a las elecciones generales de 2004. Creía Aznar que lo iba a poder mantener secreto hasta casi finales del año próximo, y no: sea quien sea el delfín -y todos los que se citan son muy buenos candidatos-, va a necesitar fajarse desde ahora mismo con Rodríguez Zapatero si quiere neutralizar el concepto del «cambio del cambio» o del «cambio tranquilo». Veleidosos como son, los españoles comienzan a soñar con otro cambio, y al PP le hace falta convencer a los electores de que el sustituto de Aznar no va a ser simplemente más de lo mismo. ¿Moverá ficha Aznar, tan dueño hasta ahora de sus tiempos? La pelota está ahora en su tejado.