EN BLANCO
Lo que sube, baja
A quienes invirtieron hace un par de años en acciones o en fondos de inversión de renta variable no es necesario recordarles que las cosas valen lo que se paga por ellas en el mercado: han aprendido muy bien que el dinero de sus inversiones en los tiempos de las vacas gordas no lo van a recuperar en la época de las flacas. Pero otros inversores, identificados con quienes buscan a ultranza la seguridad y eligen siempre la compra de viviendas, es fácil que comprueben más pronto que tarde que los elevados precios de hoy comienzan a ser sólo teóricos y que no responden a transacciones sino, simplemente, a tasaciones en las que, además, no todos están de acuerdo. Todo lo que sube, baja al final; y lo que sube muy alto, cae desde más arriba. Cuando se trata de ladrillos, más pesados que los papeles, la gravedad fuerza una caída rápida, un auténtico desplome. En cualquier caso, nadie podrá recuperar el dinero gastado o, mejor dicho, comprometido, si se contabilizan los intereses y, además, con las viviendas pasa algo parecido a lo que ocurre con los automóviles, que al ser de segunda mano sufren una fuerte depreciación. Es probable que si Álvarez Cascos quiere sostener en el futuro sus opiniones sobre el precio de la vivienda, considerándolo un índice de la renta disponible de las familias, se vea obligado a reconocer, precisamente por lo que se refiere al auténtico mercado, que la renta familiar se reduce día a día, aunque, en algunos casos, se destine una mayor proporción a la vivienda. Por más que se advierta habrá inversores que prefieran resistir rodeados de ladrillos.