Oferta de trabajo
UN empresario de pompas fúnebres leonés le ha ofrecido un puesto de trabajo a Luis Roldán, el hombre que más contribuyó al temporal entierro del PSOE. El ex director general de la Guardia Civil, si acepta, podrá ganarse la vida honradamente hasta que llegue el ansiado momento de hacerse cargo de los millones que robó. Se ignora el paradero, pero se calcula que puede ser como mil ochocientos. Una benemérita fortuna. El señor de la funeraria ha sabido valorar las indudables cualidades que adornan al delincuente. «Si Roldán logró engañar a Felipe González, seguro que tiene mucho talento comercial», ha dicho. Sospecha que posee poder de convicción y capacidad para embaucar. Además, los muertos no protestan. No hay clientela más dócil que la de las funerarias. No se sabe de ningún difunto que haya presentado una reclamación porque le apretaran las sisas del pijama de madera. El probable nuevo patrón de Roldán debe de ser un lince, pero no podrá quitarle ojo a su subordinado: aunque no vaya a manejar dinero, puede quitarle los crucifijos de bronce a los ataúdes y venderlos al peso. Tampoco hay que descartar que se haga cargo de algunos féretros y se los venda a los inmigrantes sin papeles, para que les sirvan de pateras. Son riesgos inevitables. Las condiciones del contrato laboral son buenas: 350.000 pesetas mensuales, una vivienda y un coche no fúnebre a su disposición. Si el ex excelentísimo granuja acepta la proposición, el negocio puede ir viento en popa. Cada vez hay menos gente que se acuerda de que este hombre hizo lo posible por hundir el barco socialista y lo que se cotiza es la fama. Lo de menos son los itinerarios que se hayan recorrido para alcanzarla. Da lo mismo ser el doctor Fleming que el doctor Petiot, «el pobrecito de Asís» que el rico cura Castillejo. El caso es atraer clientela y eso se logra despertando el morbo, que nunca padece insomnio. Hace falta una cara conocida, aunque sea del mayor cara del reino. Si resucita Jack «El Destripador» lo colocan en una carnicería.