ENBLANCO
Derrumbes
SE nos caen hasta los palos del sombrajo, así de simple. Aunque quizá no sea tan sencillo explicarse la madeja de apatía oficial y desidia particular que ha llevado, en unas pocas fechas, al desplome del emblemático palacio de Don Gutierre, referencia ineludible en el casco antiguo, y ahora al derrumbe de un edificio en la calle Serranos, hiriendo de paso a un viandante que pasaba por el lugar erróneo y a la hora equivocada. Ello por no hablar de cuando a algún constructor se le cruzan los cables y sierra mecánica en mano, cual los asesinos de La matanza de Texas, rebana los cimientos de cierta casa aburrida y pesada que no terminaba de caerse, la muy ingrata. Tiene cierta razón el alcalde de la ciudad, don Mario Amilivia, cuando justifica la actuación de las autoridades municipales recordando la penosa trayectoria del palacio de Don Gutierre, desvalijado como un cascarón vacío por los molestos e incívicos inquilinos que allí residieron durante los últimos tiempos. Y acierta nuevamente al enfatizar la importancia de las obras que se han llevado a cabo en la ciudad, rematadas con guindas como la peatonalización del entorno de la Catedral o el lavado de cara aplicado al Barrio Húmedo. Ya sabemos que la vida baraja las cartas y alguna vez te toca el comodín, así que los encendidos elogios emitidos por los turistas ante la imagen limpia y moderna que presenta ahora mismo León, tiene en el lado malo de la balanza evidentes inhibiciones políticas como la que ha defenestrado, ante el incontenible estupor de España entera, uno de los rincones más encantadores de León. ¡Qué pena!