Diario de León
Publicado por
Matías González, socióloga
León

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No me atreví a pronosticar la agresión a Ucrania, que ya rondaba por mi cabeza, hace dos meses no por ser apuesta más que arriesgada. El mesianismo del autócrata del Kremlin, con el apoyo del mandarín del ‘Reino del Medio’, la hacía más que verosímil. Fue, como he contado ya, por evitar más que nada que mis viejas heridas sentimentales supurasen nuevamente. 

Pero ahora que ya está en todas las cabezas y cabeceras no ha lugar para excusas ni dilaciones. Así que esta vez no me voy a reprimir de avanzar lo que ya me parece  un hecho sin remedio. Que la guerra ya empezó, el 24 de Febrero, no  la que sufren y padecen los rusos y ucranios, por ahora, sino la Grande, la que nos atrapará a todos de una manera u otra. 

El inicio de esa  guerra no se declarará formalmente en un  documento solemne, como ha sido la costumbre, pero se está  ejecutando ya con actos devastadores. Su duración y su intensidad no la decidirán el valor de los milicianos en Ucrania  sino los tratos en   las mesas de regateo.   

La agresión de Moscú, con la complicidad de Pekín,  se consumó. Pero las víctimas  no se encerraron en sus casas.  Salieron a las calles para defender sus libertades. Y tres semanas más tarde, a Occidente no  le queda otra salida que forzar al Leónidas de Kyiv a plegarse ante los persas. Si no se acepta la amputación de una parte de Ucrania y su aislamiento de la Otan, que es algo bastante más que razonable, a cambio salvar el resto, el incendio se extenderá sin remedio.

Así que lo creas o no, la guerra ya empezó, la que llaman los anglos la WW3. Que puede durar unas pocas semanas, en un único frente,  o convertirse en una catástrofe global de duración indeterminable.  En el punto en que estamos todo se apuesta a una mano,  la batalla de Kyiv, a punto de empezar. Si completado el cerco no se llega a un acuerdo y comienza el asalto de la Infantería el conflicto tendrá una cada día más difícil marcha atrás. Ahora  la resistencia de Kyiv, como la de Madrid en el 36, es el campo de pruebas. España fue entonces la víctima, ahora parece que le toca a Ucrania. La historia es implacable con los débiles, cuando truenan los cañones.

Un colega de Benavides me reenvió esta semana un mensaje que debe estar circulando ya por todo el planeta: Es un escrito a mano, en un sencillo folio de color ocre, con limpia caligrafía. Pero parece extraído de un libro cabalístico porque su  contenido es sobrecogedor: «World War I  Date 28 + 07 + 19 + 14 = 68; World War  II: 1 + 09 + 19 + 39 = 68; Invasion of Ukraine: 24 + 02 + 20 + 22 = 68» Comprobé las fechas en internet y al verificar su exactitud, me sentí como un púgil en K.O. El significado de la cifra 68 se me escapa pero esa coincidencia no puede ser casual. 

He escogollado esas cifras y al fin encontré un modo de interpretarlas al recordar la lectura de un libro que pasó por mis manos este verano: En El retorno de los brujos, libro emblemático hace cincuenta años,  Pauwels y Bergier muestran con prolijos detalles los pilares mistéricos de la ideología nazi. No es extraño pues explicar por qué el que decidió  la invasión de Polonia que inició la WW2 lo hiciera en una fecha que criptografiaba la fecha del inicio de la WW1. 

Ahora bien, reproducir ese simbolismo en la fecha de la invasión de Ucrania solo conduce a una moraleja; el que lo decidió está mandando un mensaje muy claro al mundo: su intención declarada es una simple operación militar especial pero su propósito oculto es hacerla entender como una conflagración universal. Tómese como farol o tómese como advertencia el mensaje está ahí para quien quiera escucharlo

El camarero del restaurante donde acostumbro a cenar en Corralejo (Fuerteventura),  donde inverno,  me comenta  que todo está decidido y lo mejor es no preocuparse. Yo pienso; los que se quedaron en Mariupol, el viernes 25, al saber que los tanques ya estaban en camino ahora viven como ratas, en los sótanos, bajo el estruendo de las detonaciones.  Los que escaparon esa misma noche  ahora lo hacen tranquilamente en algún apacible lugar de la Europa todavía libre. Cada un@ es libre de elegir su destino pero los avestruces acaban siempre en la cazuela. 

El mundo ya no es un videojuego de Play Station sino una espesa ciénaga que ya dejaron descrita dos genios británicos: Aldous Huxley en A brave new wold (1932) y George Orwell en 1984 (1949).

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