Diario de León
Publicado por
Rodrigo Ferrer Diez
León

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Los tiempos están cambiando mucho. Demasiado y demasiado rápido. La política española no es la misma que hace veinte años. Tampoco es la de hace cinco, hace uno o hace seis meses. Eso sí, en medio de debates de investidura, pactos y amnistías, a veces queda algo de espacio para lo más cercano, para la política local. Hoy uno abre un periódico o enciende una radio y la cuestión catalana lo ocupa todo. La fecha en la que todo se precipitó fue el 1 de octubre de 2017, el día del referéndum catalán que unos llamaron legítimo y otros ilegal. Ese conflicto político, dialéctico o quién sabe qué, cruzó el Ebro y llegó a toda España sin que nuestro León fuera una excepción. Y mientras debatimos sobre Cataluña y la política española cambiaba, aquí, en lo nuestro, las cosas seguían igual, la misma decadencia. Desde octubre de 2017 hasta noviembre de 2023, la provincia de León ha perdido más de 22.000 habitantes.

Y una de las pocas ventajas que tiene el dudoso honor de ser uno de esos miles de leoneses que ha tenido que abandonar su tierra gracias al «modelo de éxito» en el que viven algunos es que las cosas desde fuera se ven con una perspectiva diferente. Ni mejor, ni peor, solo diferente. «Ver los toros desde la barrera dirían algunos», yo más bien diría desde el «exilio». Y entonces te das cuenta de que cuando tenías una serie de argumentos sobre los agravios que sufre la Región Leonesa estabas equivocado, pues las cosas son aún peor.

En ese espacio que nos queda para lo más cercano, y con permiso de las negociaciones para formar Gobierno, San Andrés del Rabanedo vuelve a copar los titulares. Malos, como casi siempre. Pero no quiero hacer una lista de las cosas que llevan años sin funcionar, porque para criticar sin aportar soluciones ya tenemos a los partidos de la oposición y hasta algún sindicato que juega más a la política que a la defensa de los intereses del obrero (o al menos para eso algunos seguimos militando en sindicatos de clase).

El último de los casos más sangrantes ha sido el de las semanas que el Ayuntamiento ha estado paralizado sin secretario. Por una vez superemos ese gran mito de que el leonés solo sabe criticar y, en lugar de alimentarlo, busquemos una explicación a lo que ha pasado. Ante la imposibilidad que hubo para solucionar el problema desde dentro, la pelota estuvo en el tejado del ente autonómico. Pero no han hecho nada, y no me cabe ninguna duda de por qué, el miedo.

En los pocos meses que llevamos en los que hay un equipo de gobierno leonesista en el tercer municipio de la provincia y quinto del País Leonés, hemos visto más solvencia que en los últimos treinta años. Que cunda el pánico, por supuesto. San Andrés se ha convertido en el símbolo de la resistencia contra los que quieren esta tierra despoblada, humillada y con la pista despejada para cambiar población y servicios públicos por macroparques eólicos y solares.

Durante décadas, el Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo sirvió de trampolín político para esos partidos mayoritarios que sufren de intolerancia al cambio. Ese ha sido nuestro mal. Pero eso se acabó, ahora este municipio es otro. Solo hay que recordar la gestión que se ha hecho de la normalización del uso del Punto Limpio de Trobajo del Camino, la liberación del aparcamiento público de la sede municipal o la anunciada y necesaria reforma de la calle Azorín, por citar solo tres ejemplos de los más mediáticos. Lo último que quieren los que sostienen esta pantomima birregional es asumir y aceptar que el leonesismo sabe gobernar, gestionar, decidir y actuar además de reivindicar. Ahora tienen miedo.

La negativa a aportar soluciones al asunto del secretario podría obedecer a la misma incompetencia mantiene vacante el cargo de la dirección provincial de Educación. Pero esto es diferente. La Junta de Castilla y León ha dado un paso más en su contienda contra el leonesismo. Ha comenzado una guerra de desgaste de la que, por desgracia, tendremos muchos más episodios. Los vecinos de San Andrés, estemos dentro o fuera de él, tendremos que prepararnos para futuros desplantes, manipulaciones y desafíos. Que a nadie le quepa ninguna duda que si este municipio hubiera estado liderado por un partido afín al marco territorial actual, la cuestión del secretario se hubiera solucionado desde Valladolid en días o en horas.

El riesgo que tiene utilizar estas maniobras tan sucias en la política es que quien las ejecuta, en este caso la Junta, no termina de ser consciente de que al final de esa batalla, quien tiene la última palabra es el pueblo. Por eso el «Goliat autonómico» no ha podido con el «David leonesista» en los 40 años de vida de este engendro autonómico.

Tener en contra al ente autonómico y a los partidos mayoritarios solo puede significar una cosa, que tanto el equipo de gobierno de San Andrés como los vecinos que están reivindicando en la calle lo que es suyo, están en el camino correcto. Así es como se consiguen las cosas. Mientras lo nuestro llega, habrá que pensar en poner bridas a la bandera autonómica que ondea en la plaza Adolfo Suárez. Que vean el símbolo de un pueblo inquebrantable como el nuestro.

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