Diario de León
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Hace ya tiempo escribí una reseña sobre La venganza del campo, libro en el que Manuel Pimentel trata de hacernos comprender que el desprecio e incomprensión de los urbanitas por las gentes y problemas del campo acabará por volverse contra todos nosotros en forma de incremento de los precios de los alimentos. La gente del campo está desconcertada ante la falta de empatía, no solo de los políticos y funcionarios que fiscalizan hasta a más insignificante de sus tareas cotidianas, sino también de la población urbana en general.

Ese mismo desconcierto y frustración también lo sentimos las personas de bien ante la actuación de las administraciones frente a una catástrofe como la de Valencia. Y cuanto más sabemos, más desasosiego nos produce, sobre todo después de escuchar declaraciones como las de Santiago Posteguillo en el Senado. Lo que en principio podría parecer simple incompetencia, se convierte en negligencia criminal cuando conocemos que la riada fue provocada por la apertura de la presa de Forata, en mal estado por falta de mantenimiento, sin avisar a la población. Viendo cómo se impidió actuar con prontitud al ejército y a las fuerzas de seguridad del estado, llegamos a cuestionarnos la humanidad de nuestros dirigentes.Cuando la realidad supera nuestro entendimiento, necesitamos explicaciones que trasciendan nuestros limitados esquemas mentales. Por eso es preciso que alguna mente preclara, como la del profesor Miguel Anxo Bastos, nos oriente en ese mundo de las teorías y de las abstracciones que, paradójicamente, nos permiten comprender mejor el mundo que nos rodea. Bastos recurre a la teoría de Parag Khanna, un asesor geopolítico hindú-norteamericano, autor del libro «Conectografía», en el que explica como «hay una lucha mundial entre las ciudades globales y el hinterland».En la cuenta de X, @Bastos_Quotes, los discípulos del profesor publican sus explicaciones al respeto, que paso a reproducir: «Las ciudades globales, las grandes urbes del mundo, están más conectadas entre sí que con su hinterland. La gente urbana tiene más amigos en Londres que en Benicarló, todos hablan ese inglés estándar que habla todo el mundo y se relacionan entre ellos. Eso es una forma de ver el mundo, frente a otra, la de los que viven en el terreno, en el territorio de cada sitio, con los que a lo mejor no se entienden tan bien. Ese debate se da en Estados Unidos, entre las élites de las costas, urbanas y modernas, y la América profunda».Para el profesor Bastos, esta dicotomía entre país y élites urbanas acontece en toda Europa y explicaría, por ejemplo, el voto a Marine Le Pen en Francia. «La lucha no solo se da entre globalismo y estado-nación, sino entre las élites y el pueblo. Se vio, por ejemplo, en el debate de los chalecos amarillos en Francia. La Francia popular, de los barrios de las ciudades pequeñas, frente a las élites parisinas.»Dice Bastos que esto también se empieza a dar en España, por ejemplo, con las políticas ambientales, diseñadas por quien nunca pisó el campo; y no solo con estas.Con estas armas teóricas podemos comprender un poco mejor este complejo mundo en el que nos tocó vivir y en el que, a veces, apenas somos capaces de distinguir la realidad de la ficción.Estas entelequias nos permiten una cierta simplificación mental para así poder identificar los dos modelos comparados: «Uno, globalista, de crear instituciones mundiales, un gobierno mundial, la Agenda 2030, el cambio climático como excusa para poner impuestos mundiales…» frente a un discurso más tradicional, de estado-nación. Ahora nos toca escoger bando, y la elección ya no parece ser entre izquierdas y derechas, sino entre élites y pueblo.

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