Diario de León

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Los seres humanos somos olvidadizos, fundamentalmente respecto de aquellas cuestiones que no nos interesan o de lo que no es grato. Si hacemos un breve repaso a hechos que han marcado nuestras vidas en los últimos años, sin necesidad de concretar mucho más, parece como si no hubiéramos aprendido nada, como si nuestro pasado inmediato estuviera en blanco.

El covid supuso una epidemia a nivel mundial de una entidad abrumadora, una pandemia para ser más exactos. Nadie recordaba una crisis sanitaria de tal envergadura y de consecuencias tan trágicas. En su momento, las cifras de fallecidos, los entierros sin familiares, el sacerdote en caso de los creyentes y poco más, por cierto lección de valor del clero, fueron escenas desoladoras.El miedo, las calles vacías, las primeras semanas la confusión llevaba a hacernos pensar que éramos los protagonistas de una película distópica de ciencia ficción. Se aplaudió, y con razón a los valientes médicos, enfermeras y todo el personal de hospitales y centros de salud. Momentos para superar, pero creo sinceramente, que no para olvidar las lecciones aprendidas.Aprendimos que todos morimos, que todos tenemos miedo, pero también que todos nos necesitamos. Actualmente, de forma arbitraria se critica a aquellos a los que aplaudimos, incluso algunos afirman que hubo un antes y un después de la pandemia en el ámbito sanitario. Cuando se formula una queja contra ellos, siempre hay alguien que se erige en consejero rencorosillo recordando que en su momento les manifestamos nuestro agradecimiento. Eso es maldad. El mismo aprendizaje podemos obtener del denominado proceso soberanista de Cataluña. Un lío monumental para un viaje a ninguna parte. Rozando el ridículo de países dictatoriales tercermundistas, algunos indepes, llamados así de forma abreviada, llenaron las urnas de votos sin votantes. Lamentable imagen internacional. ¡Pues ahí están otra vez! Al menos los de siempre, con un discurso trasnochado y arcaico absolutamente contradictorio con el nuevo orden mundial que pudiera venirse encima con el segundo mandato de Trump.Hombre que gustará, o no, pero tiene claro lo que persigue. Primero, el poder, ya lo tiene, y segundo que EEUU sea otra vez el único hegemón mundial. Creo que el asunto de Cataluña no figura entre sus prioridades ni las de los Chinos. Seguimos sin centrarnos en lo que más nos interesa.Unidad, humildad, trabajo y proyectar un futuro juntos como nación es lo que ha hecho grandes a los Estados. Nos perdemos en la crónica rosa del tardeo. Aquí, en nuestra patria, hay grandes individualidades. Viajando solo un poco, te encuentras compatriotas geniales que exportan con su trabajo la marca España, a pesar de todos los impedimentos que nos autoimponemos.Pero, las individualidades, no bastan. Y aquí también España es ejemplo. Hoy, nadie cuestiona que el Real Madrid es el mejor equipo del mundo, lo fue y seguirá siéndolo probablemente durante algún tiempo. Lleno de estrellas, individualmente lo mejor, pero no acababa de formar equipo, no comenzó bien la Liga. El equipo, la pasión por la excelencia es lo que diferencia al Real de otros equipos hermanos a los que quiero mucho, pero no han sido bendecidos con el don de la victoria.Si nos olvidamos de que el Madrid ha tenido que ampliar su sala de trofeos, somos capaces de olvidarnos de todo. Eso no es bueno. En interés propio y ajeno porque, primero, el Madrid seguirá ganando prácticamente todo para lamento de los que siempre se lamentan con razón, y segundo, nos irá mucho mejor si no incurrimos una y otra vez en errores del pasado que nos debilitan como nación ejemplar que fuimos.

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