TRIBUNA
Musk y el pánico a la motosierra

Rabia la zurdosecta con estruendo de clarines desde sus alcazabas y denuncia urbi et orbe ¡qué escándalo, qué escándalo! el empeño de Pucheritos Boom, por pasar la lupa a las cuentas del Tesoro. «Donald Trump y los cachorros de Elon Musk dinamitan el sistema desde dentro». «El presidente se echa en brazos del multimillonario y su equipo de jóvenes ingenieros para la demolición de parte de la Administración sin reparar en cortapisas legales». «Nadie imaginó que Trump, Musk y compañía actuaran con el grado de brutalidad con que lo han hecho en sus semanas en el poder, como si estuvieran empeñados en realzar su carácter de monstruos».
Y los pregoneros vaticanos de la Mamadera enarbolan, la rampante bandera del Estado benefactor, el santísimo patrón de los desamparados contra la avaricia satánica de lo que llaman tecnoligarcas. Lo que trata de encubrir, no se engañen, es el temor al acabose de sus pesebreos. La indignación de la PRISOE y sus terminales, contra la empresa más que admirable de Elon Musk no es otra cosa que la cagalera a que la extirpación de los despilfarros del Estado se contagie a una España libre del Gobierno Frankenstein. Y que acabe, con ello, con el indecente privilegio de esta franquicia que tapa sus vergüenzas contables con los regalos del Estado patrón. No olviden que Moncloa, años ha, persuadió al Santander y Telefónica para salvarlos de la bancarrota a cambio de imagínense que prebendas o perdones. Porque claro los exquisitos intelectuales de la solidaridad proletaria no pueden malgastar sus exquisitas talentos en vulgares cuestiones de contabilidad. Esos cartelones que aparecen por las calles con el «No lo elegimos» referidos a Elon Musk son tan fariseos como la mayoría de los eslóganes de la Zurdosecta. Que sepamos el señor Musk es un ministro del Gobierno de Trump y a los ministros no se les exige, en ninguna constitución del mundo conocido, las actas de diputado, es decir ser elegidos por las urnas. Son las banderas de una encerrona de guardabosques contra los leñadores que llegan para extirpar las ramas enfermas de un secuoya elefantiásico que se ha desbordado, aniquilando todo lo que intenta crecer bajo su sombra, alimentado con el carcinoma venenoso de la deuda pública a interés cero y las rúbricas criminales de esa zurdosecta de politizánganos que ha enjaretado a cada contribuyente con cincuenta mil euros de deuda a costa del Estado. Una zurdosecta, que al igual que la fachosfera, santifica al Estado como salvaguarda de los desamparados, quiere hacernos olvidar que el Estado, al igual que la mafia, no es más que una excreción purulenta de la biología social. Tanto uno como otra, aparejos del ansia de mando y por tanto de riqueza, tramoyas del instinto de los fuertes a abusar de los débiles que se legitiman en una pantomima de Contrato con el nombre de Estado. Que no es otra cosa que protección, a cambio de pago;. el mismo argumento germinal en el Estado oficial que en la banda mafiosa. Ambos prosperan en ambientes de inseguridad por eso ambos se oponen y se complementan, como las dos caras de una moneda: cuanto más fuerte el estado, más débil la mafia, cuanto más débil el Estado, más fuerte la Mafia. Pero nadie nos ha demostrado que el Jefe del Estado sea mejor que el del Padrone del barrio.