¿Qué es la libertad?
En el club de conversación de italiano al que asisto, la profesora acostumbra a plantear una variedad de temas sociales y filosóficos, en la última reunión, nos anunció que el tema sería la «La libertad», acto seguido se dirigió a mí y me dijo: «Oswaldo, per te, cos’è la libertà?» Oswaldo para ti, ¿Qué es la libertad? y aunque se trataba de un ambiente relajado, la pregunta me desconcertó, las palabras en italiano no me llegaban, pero más allá de esto, lo que me costaba era encontrar la forma precisa de decir en una frase todo lo que significa para mí este concepto, porque no es lo mismo hablar de libertad desde la comodidad de haberla tenido siempre, que hacerlo desde la memoria de haber estado cerca de perderla o peor aún, desde la conciencia de que alguna vez te fue arrebatada, por lo tanto, fue imposible no recordar en ese momento dos cosas: la primera, la triste sensación de medir cada palabra al opinar y saber lo arriesgado de expresarme libremente, esto, aun sucede en el país donde nací, país que con el tiempo fue transformadomediante un proceso que desgastó la libertad hasta llevarla a su mínima expresión. Y la segunda, una poderosa frase del personaje Edmond Dantés en El Conde de Montecristo: «Solo quien ha deseado morir, sabe valorar la vida», esto nos lleva a entender que la libertad adquiere verdadero valor para alguien, solo cuando le ha sido negada o puesta en riesgo.
Sobre lo que sucede en los países y como abordan este concepto, las principales organizaciones internacionales coinciden en que la libertad, especialmente la de expresión y prensa son pilares fundamentales de los derechos humanos, pero alertan sobre un preocupante retroceso global en su respeto y garantía. Para medir estos eventos existen «termómetros de libertad» que, desde diversas perspectivas, capturan lo que pasa cuando este valor comienza a erosionarse, por ejemplo: Democracy Index en su más reciente informe revela que menos del 8% de la población mundial vive en democracias plenas y detecta un aumento de regímenes autoritarios o similares. Por otra parte, el último informe Freedom in the World, publicado por Freedom House sobre 210 países evaluados, apenas 88 fueron catalogados como libres, mientras que el Índice de Libertad Humana de 2023 elaborado por Cato Institute y Fraser Institute, que integra 86 indicadores que abarcan desde la libertad de asociación y religión hasta el estado de derecho y la autonomía económica, destaca a Nueva Zelanda y Dinamarca en los primeros lugares y a Venezuela, Siria y Corea del Norte en los últimos lugares de este ranking, y finalmente la encuesta de Pew Research Center realizada en 35 países muestra una desconexión significativa entre la importancia que las personas otorgan a la libertad de expresión y prensa y su percepción de cuán libres son en realidad. Estos índices no son solo números, son retratos sociales y políticos de nuestra época, nos muestran que la libertad, aunque consagrada en constituciones está cada vez más cercada por fuerzas visibles e invisibles: populismos, autoritarismos, polarización, desinformación, entre otros factores que inciden en que la libertad no sea lo mismo para un ciudadano suizo que para una mujer iraní, al igual que no sea lo mismo para quien ha vivido bajo una democracia estable que para quien ha padecido una dictadura. Es poco lo que el ciudadano común puede hacer para mejorar sus niveles de libertad, por lo tanto, no basta con proclamar la libertad y que repose en las hojas de acuerdos y constituciones, hay que garantizarla y fortalecerla, sobre todo cuando los estudios indican que más del 90% de la humanidad se enfrenta a algún tipo de limitación en su participación política o ejercicio de sus libertades. En contraste, algunas (muy pocas) sociedades disfrutan de esta libertad de manera plena, donde todo está garantizado y previsto, que a veces se convierte en un concepto asociado con poder elegir entre marcas o decidir el destino de unas vacaciones. Con esto quiero significar que actualmente, la libertad es un paisaje cercano y tangible en ciertos lugares, mientras que, en otros, sigue siendo un espejismo. Ahora bien, la libertad no se limita a un derecho, también implica una responsabilidad ciudadana, de allí que para muchos sea incómoda, pues, ser libre no es hacer lo que se quiere sin consecuencias, es asumir el peso de las decisiones propias, ser libre no es solo un derecho que debamos exigir, es también un deber, un compromiso y como tal se debe ejercer, construir y fortalecer en lo cotidiano. La libertad, desde la perspectiva filosófica, ha sido interpretada de diversas maneras por pensadores y líderes a lo largo de la historia, para John Locke, la libertad era «el derecho natural de vivir, poseer y decidir sin ser perturbado por un poder arbitrario», Rousseau en cambio, advertía que «el hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado», para John Stuart Mill «La libertad consiste en poder hacer todo lo que no perjudique a otro» y finalmente para Nelson Mandela «La libertad no es solo un derecho, sino una obligación de contribuir a la libertad de los demás.» En vista de estas diferencias de enfoque, es claro que la libertad no es un concepto fácil de definir, más bien parece un rompecabezas gigante muy difícil de armar y ante tal desafío, prefiero quedarme con la claridad de Don Quijote que en uno de sus momentos de mayor lucidez dijo: «La libertad Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos…»