Diario de León

Matías González

Sociólogo

De uvas... y raposas

No esperen tantas audacias, que con esas se pierden unas migajas de fieles por el camino. A lo sumo lágrimas de caimán en Bruselas

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Al hoy señor presidente del partido azulete (que no azul, por lo desteñido que está) le apodaron sus allegados: la raposa de Os Peares, por su astucia para resolver los conflictos en su Galicia de origen. Puede que esos atributos los tuviera en el terruño donde gobernó doce siglos pero la mudanza a la corte le ha enajenado esa pretendida zorrería para enmendar desaguisados.

Parece que el espíritu errante que campea nocturno los salones de Génova (que ya perturbó los sueños a sus predecesores) fuera el causante del desarreglo. Un espíritu que infecta hasta anularlo por completo, todo vestigio de audacia, valor y gallardía en los que presiden la Sala de Juntas. Y los convierte en pusilánimes monigotes sin voluntad, ni coraje ni vitalidad, que se limitan a sentarse en el sillón, encender el puro, abrir la página de deportes y preguntar por la hora en que empieza el partido de fútbol, en lugar de afanarse por ganarse el despacho de La Moncloa que para eso les pagan. Eso es lo que hizo el ilustre registrador, hoy disfrutando de su apacible jubileo sin ninguna citación en el juzgado, por su majestuosa traición a la nación española que le permitió abandonar el Gobierno, hace ya siete años, con garantía de inmunidad. La finca la señorea, desde aquella un pérfido carlancas que sabe escapar de todas las trifulcas: matando, mientras muere dulcemente o dando paradas adelante. Feneció hace años el inútil pregonero de la democracia primaria, don Cansino, y ahora ocupa su plaza este señor Raposa que parece haber perdido sus afilados colmillos de antaño. Y se limita a esperar, murmurando en torno a la parra, con las uvas rebosantes de dulce néctar, «no están maduras» En este trance decisivo, tras demoledor informe de 495 páginas de la UCO que deja al carlancas de Moncloa como un convicto tramposo que no solo falsificó su doctorado cum fraude sino las actas que le han permitido llegar hasta la cumbre del estado, rodeado de una verdadera camorra de comisionistas podridos y ministros puteros, el señor Raposa podría devolverle la pildora que sufrió su predecesor. Una moción de censura con el apoyo de PNV, Esquerra y Vox. Una estrategia bien fácil ya que solo se trata de ofrecer un poco más de la tarta del presupuesto del Estado al buitreo de los separatistas. Pero claro, el señor Raposa no se atreve a intentarlo porque eso arrugaría el gesto a unos cientos de sus clientes que quizás se escaparían a las dehesas de Don Berraco. También podría abandonar el Congreso, en protesta por la degeneración del Estado de Derecho en este reino de Barataria. Podría convocar manifestaciones en las cincuenta capitales de provincia contra este Gobierno desquiciado (no solo en Madrid). Podría acusar de inoperancia al cabeza de la monarquía por no mediar en esta tropelía. Podría... Pero no, no esperen tantas audacias, que con esas se pierden unas migajas de fieles por el camino. A lo sumo unas lágrimas de caimán en Bruselas, unas declaraciones sin aliño en las portadas de los fieles y a seguir esperando, sentado en el sillón, a que caigan las uvas.. el mes, el año o el siglo que viene. No se engañe señor Raposa, las uvas no caerán, como no le cayeron al señor Chapapote, hasta que un nuevo incendio se lleve por delante un millón de empleos y arruine a un cuarto de los contribuyentes.

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